ESTA HISTORIA ES PARA SIEMPRE

Adopta en Cat Café A Coruña
ADOPTA EN CAT CAFÉ
O TEMPLE_ CAMBRE A CORUÑA


Esta historia,  es para siempre 

Loni, Luna, Koda, Molly, Mady
Son tesoritos que te esperan, 
En aquel rincón del mundo
En que gatos son muy sagrados. 

Gus, Demi, Jedi, Pepo y Leslie, 
Por algo los creo Dios, 
Hermosos y juguetones
Con su triste historia a las espaldas… 
Pero guiados a la luz. 

Si adoptas que sea para amarles, 
Respetarles y por siempre salvarles
Porque son de carne y hueso, 
Sienten, comen, beben, 
Necesitan de ti y dan bellos besos. 

Y todos los colores son buenos.




CRÓNICA DE UNA NOVELA

“El Renacer de la Rebelión Ilustrada (Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo)” 
de Enrique Myro

Antonio Ortiz, La Voz de Todas Partes

ENRIQUE MYRO

EL RENACER DE LA REBELIÓN ILUSTRADA. DON PABLO DE OLAVIDE Y EL INGENIERO IZQUIERDO.


Tras la entrevista que le hicimos a Enrique Myro, Sevilla 1946, en su Casa Sinapia en La Aldea de Los Ríos, situada entre La Carolina y Guarromán, ver en DIARIOVOZ. REVISTA DE LITERATURA y después de, siguiendo las directrices que nos dio el autor, haber vuelto a leer su novela “El Renacer de la Rebelión Ilustrada (Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo)”, creemos que es hora de hacer la reseña literaria de dicha obra.

De entrada, confieso que me ha parecido una novela bien elaborada, rica en diversas historias y, a pesar de su complejidad, equilibrada y fácil de leer; es decir, una buena novela, lo cual no es óbice para cuestionar algunos detalles de la obra.

El primero, a mi entender, es que estamos ante “una novela para el autor” no ante “una novela de autor”, que también lo es. Cuando digo esto me viene a la memoria “El Péndulo de Foucault”, de Umberto Eco, porque al igual que al italiano en dicha obra, a Enrique Myro le notamos en muchos pasajes de su novela que está escribiendo, en buena medida, para su disfrute personal.

Nos referimos, por ejemplo, a la cantidad de cuadros con los que viste las paredes de los restaurantes a los que van los personajes, e incluso los que cuelgan en la biblioteca del castillo de Canena, todos descritos con detalle. Bien es cierto que tienen relación con lo que está sucediendo y también con los lugares donde transcurre la trama, pero quizás para algunos lectores puede resultar cansino, y eso sin mencionar a su admirado Zabaleta, de quien se ocupa con singularidad.

Pero antes de seguir con los digamos desaciertos, entremos de lleno en la obra.

Como nos decía el autor en la referida entrevista, la novela desarrolla siete historias entremezcladas, dos de las cuales tratan sobre hechos históricos.

La historia principal versa sobre Don Pablo de Olavide, donde en los nueve capítulos que la componen, el Ingeniero Izquierdo conversa oníricamente con el Superintendente Olavide y éste va desgranando su vida.

En dichos diálogos el autor nos hace entrar en la vida doméstica de hace 250 años desde una perspectiva actual. Tenemos que admitir que, con una narrativa excelente, Don Pablo le cuenta al ingeniero en un diálogo mezcla de expresiones del siglo XVIII y las actuales, cómo fue su vida en aquellos años, desde que salió de la cárcel en 1754 hasta que volvió a entrar en ella veinte años más tarde por motivos que el lector descubrirá en la novela.

De forma muy amena se nos narra cómo Don Pablo enamora a Doña Isabel de los Ríos, la viuda rica de Leganés, cómo viaja por Europa y en Lille Madame Practiquesuyer, amiga de Diderot, le enseña una prenda nueva, el albornoz, que luego él mejora para su mayor goce y disfrute. Además de otras circunstancias de su vida, y sobre todo cómo le nombran Asistente de Sevilla y Superintendente de Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. 


ENRIQUE MYRO
ENRIQUE MYRO 

El relato del viaje que hace desde Madrid a Sevilla para tomar posesión de sus cargos, pasando por la Peñuela, actualmente La Carolina, es muy interesante y entretenido, sin olvidar su estancia en Écija en el palacio de los Marqueses de Peñaflor.

A su vuelta a Las Nuevas Poblaciones asistimos al levantamiento del enclave de los Ríos, hoy la Aldea de los Ríos, durante el cual se inicia y se nos cuenta el desarrollo de un proyecto industrial, El Agua Airosa, que resultó espectacular y que nos retrata el carácter emprendedor de los ilustrados en aquella época.

La vida de don Pablo se desarrollaba entre Las Nuevas Poblaciones y Sevilla, y en una de sus estancias a la orilla del Guadalquivir, el prepotente de Don Pablo prepara una trampa a las recalcitrantes autoridades sevillanas cuya narración resulta en verdad divertida, reflejando con nitidez meridiana el carácter de nuestro personaje.

Hay más datos interesantes de la vida del Superintendente Olavide, pero no quiero omitir mencionar sus amores diversos y libres, mucho más libres si los comparamos con los actuales, lo que él mismo le recrimina al Ingeniero Izquierdo.

Reflexionando acerca del porqué los capítulos sobre Olavide son tan entretenidos y tienen tanta fuerza, llegamos a la conclusión de que se debe a la atrevida técnica narrativa que utiliza el autor.

En primer lugar, el narrador es no omnisciente, es decir sólo cuenta lo que ve y oye, frialdad que el autor intenta mitigar con las descripciones del entorno. En segundo lugar, a dicha frialdad se contrapone la vivacidad lograda en los diálogos entre don Pablo y Fernando. Por último, se introduce la vehemencia de la narración en primera persona que hace Olavide de los diversos sucesos ocurridos en su vida.

El uso equilibrado de esa terna de técnicas narrativas, es donde creemos que estriba la alta calidad literaria alcanzada en estos textos y que modestamente instamos al lector para que se fije en ellas, pues seguro que disfrutará aún más con su lectura.

Las siguientes historias en importancia son las del ingeniero Izquierdo, su mujer Esperanza y su entorno familiar, sus dos hijos Nando y Giralda , y Manuela la canguro portuguesa.

En estas historias, literariamente hablando, la virtud principal recae en la naturalidad de los diálogos y la capacidad del autor para ambientar las escenas con un narrador que sólo puede contar lo que ve y lo que oye, y no lo que los personajes se supone que sienten y piensan. En ellas se nos hace ir desde los grabados deEscher que tiene Fernando en su despacho, a los imanes que están pegado en su nevera o a los striptease que le hace su mujer cuando llega del trabajo y se cambia de ropa.

El interés empieza por las repercusiones personales del accidente que tuvo el Ingeniero al caerse de una mula con la que acostumbraba a pasear por los alrededores de la Aldea de los Ríos. Por cierto, el tío Pirri, que le cuida la mula, y su mujer son unos personajes entrañables.

En cuanto a las relaciones profesionales tanto de Fernando como de Esperanza, en sus correspondientes entornos laborables, se cuentan con tanto rigor y credibilidad que inducen al lector a mantener el interés en sus circunstancias.

Pasemos ahora a referirnos a la historia de Carlet y Fernadina la chocolatera, una idea que el autor confiesa haber tomado prestada de Buero Vallejo, en su obra “Un Soñador para un Pueblo”, que supone una especie de ucronía fallida, llena de sexo sano e ilusionante. Pero no vamos a decir más para no desvelar el secreto ni romper el encanto del que el lector pueda disfrutar de su lectura.

Si hablamos de sexo, en esta novela lo hay de forma explícita e implícita, no podría faltar en una época en la que triunfan tantísimas sombras, pero, aunque haya escenas con una alta carga erótica propensas a lo cutre, debemos señalar que los versos de San Juan de La Cruz proporcionan un sentido místico a los encuentros amorosos de los protagonistas.

Algo también complementario que me ha gustado y mucho, son las descripciones de los paisajes que recorre el ingeniero Izquierdo, su camino hasta La Carolina o El Porrosillo, por ejemplo, sin olvidar sus idílicos atajos por las pistas forestales.

¡Ah!, y otra cosa son los sofisticados platos que degustan los protagonistas tanto en El Balneario de Canena, en La Isabela, en El Acebuchal e incluso las delicatesen de La Petite Maison, por no hablar del espectacular menú en la comida en el Castillo.

Volviendo de nuevo a las historias que componen esta novela, en una de ellas se narran los amores ilícitos, complementarios y novedosos de algunos personajes secundarios, todo ello al hilo de la tesis que defiende don Pablo en el sentido de que en el siglo XVIII las personas gozaron de mayores libertades en el tema amoroso. Algunas de estas escenas de amor complementarios como es el caso de Juan y Enara están muy logradas.

Ya sólo nos quedan dos historias que comentar, una de ellas es en la que se narra la vida del pueblo de Quesada. El ardid literario empleado por el autor es realmente brillante, pero obviamente no lo vamos a descubrir. Recientemente he leído “Manhattan Transfer” la novela de John Dos Passos, y salvando las distancias entre el escritor norteamericano y Enrique Myro, como antes lo hicimos con Umberto Eco, tengo que admitir que nos lo ha recordado. Los pueblos tienen su propia vida que no la constituyen la de cada uno de sus habitantes, sino la de todos en su conjunto, y el escritor sevillano la narra de forma excelente.

Por último, nos queda la historia protagonizada por Isabelo de Olavide, un personaje nacido como con fórceps pero que poco a poco va tomando consistencia hasta convertirse en el contrapunto perfecto del Ingeniero Izquierdo. Es un personaje extremadamente desgraciado pero que merecía ser feliz, como lo describe Esperanza. ¿Lo será?

Ésa y otras historias quedan pendientes de resolver en esta interesante, amena y bien escrita novela, lo cual, quieras que no, deja un cierto desencanto en el lector. Mas no se frustren, Myro promete una segunda parte de la novela en la cual promete desentrañar los misterios pendientes de esclarecer en las historias que componen esta obra.

Y a todo esto, se preguntarán los lectores ¿dónde comprar la novela? Pues en su librería habitual o directamente en la página web de la editorial:



EDITORIAL MALUMA

Muerte, Dolor y Elegancia.

Washington Daniel Gorosito Pérez

-1-

Voy a empezar por el principio
Y sin  embargo algunas cosas
No suelen empezar por el principio,
Ni en general, tampoco,
Terminar en el final,
La mayoría de las veces comienzan 
Por la mitad.

Sólo algunas veces, afortunadas, desde el principio
Son  y allí comienzan.
Por otra parte, algunas veces terminan por el comienzo
O antes de terminar y algunas veces
Duran hasta después.

La vida es una de esas cosas,
El tiempo es otra,
Y, definitivamente, la muerte es una de ellas.
O, a lo mejor, todo es así.
Pero eso no es lo mejor, eso es lo peor.
Luego, debo decir: a lo peor todo es así.
O a lo mejor,
Mejor es no decirlo de ningún modo.

El punto de partida es esto, entonces
Esto, aquí y en este instante, ahora,
Y el tema es ése, ése es
El problema, el asunto, ésa, es la llaga
Pero también el dedo que se hunde en ella.
¿Y la solución cuál es?

La solución es cerrar el puño y cogerlo, 
Apretar el corazón, como si fuera un puño,
Apretar el pensamiento como si fuese un puño,
Y cogerlo prisionero, verlo claro
Al pensamiento, al corazón, como un pájaro nervioso,
Y después dejarlo ir y que la vida
Se la harten de una vez.

Pero después,
Después de haberla comprendido,
De haberlo tenido en el puño,
Prisionera un instante,
Por un instante mía.
Y otro tanto con el tiempo.
Y otro tanto con la muerte.



-2-


En la mitad está el principio
Y el principio en el final, y el final
En el principio, en el comienzo mismo,
Como dijo San Pablo, que el hombre cuando nace,
En el nacimiento mismo, se tropieza con la muerte.
Estoy hablando del pájaro nervioso 
Que no tiene principio ni final
Sino mitad solamente,
“en la mitad de la vida”
como lo dijo Dante.
Estoy hablando de eso.

Es un asedio de palabras,
Un sitiar al silencio,
Una emboscada a lo desconocido:
El tiempo, la vida, la muerte, yo mismo.
No “mismo”, diferente, y desde luego
Desconocido, silencioso.
Ya quisiera yo que esto no fuera más que literatura.
¡Ya quisiéramos señores!

En primer lugar, la vida, 
Y en segundo y en tercer lugar también.
Y aunque nos de vergüenza,
La soledad de isla que hay entre la gente,
El hecho escueto, crudo, la verdad aleteando
Como una paloma presa entre las barras del pecho
Es que no sé, no sabes, no sabemos
A quién estamos esperando o qué cosa,
Qué es eso, quiero decir, la vida,
Las cosas, uno mismo, este silencio, 
Como una puerta abierta al gran vacío,
Tan grande como Dios que existe

Quién sabe qué delito la rosa encubre,
Quién sabe qué cosa perdió el viento y lo busca.
Quién sabe en que noche duerme la noche.
Cuando al final del día, cierro mi libros,
Reviso mis heridas, cierro los ojos y pienso:
Estoy vivo, lo he estado siempre y lo estaré para siempre.
Exactamente como el muerto,
Que es como si no hubiera nacido nunca.




-3-

Así también el vivo, que es como si no hubiera nacido nunca,
Ni tuviese nunca que morir tampoco.
Pero muere, lo matan desde fuera, le cae una teja en la cabeza
Un microbio, un virus, un balazo, un hechizo…desde fuera,
Siempre desde fuera,
Porque la vida misma es inmortal, sin principio y sin final, 
Como la muerte, exactamente igual.
Como la muerte.

Me he sentado a pensar. No oigo
La jauría de perros. Mi corazón es el conejo.
No oigo el canto de sirenas.
El niño que yo fui es Ulises.
El corazón me palpita como un conejo en pánico,
Y la nuca me tiembla y el amor se me cuela a los huesos,
Como si estuviera huyendo de ladridos de perros.

Pero estoy huyendo del dolor, no de los ladridos,
El dolor no comprende los sentimientos humanos,
Traiciona, hiere, agrede y hostiliza sin el más
Mínimo remordimiento.
El dolor viene del Diablo.
Es su tacto, su caricia.
El dolor nos hace inclinarnos, suplicar, huir.
Y el dolor se revela como el hermano de la muerte.
Nos llena de terror, pero sin él la vida sería incomprensible.

No vas a poder cogerlo con las manos,
Ni con el corazón,
Y mucho menos con el pensamiento.
No se deja, es de aire, aire que se cuela entre los huesos, 
Aire frío, silencio lloviendo sobre las palabras,
Derritiéndolas.

Y las palabras se reconstruyen,
Y el mensaje no lo vamos a poder decir nunca,
Nunca, de ningún modo, de eso no tengo la menor duda.

Pero siempre estaremos al borde de decirlo,
La palabra exacta,
En la punta de la lengua, como se dice.
Y es como si li hubiésemos olvidado,
Pero no es verdad,
No lo hemos sabido nunca,
No lo vamos a saber jamás. 


-4-

Nunca la vida ha sido más trivial,
Casi sin poetas,
Plana, insulsa, más bien aburrida,
Pero ni siquiera eso mucho.
Estoy hablando de la muerte.
Y estoy hablando de ti, no mires a los lados.
Estoy hablando de mí, de ti, de todos.
Puede que no sea serio,
Puede que ni siquiera sea muy interesante.
Eso es bien posible.
Pero es verdad, y eso, que puede no ser mucho, 
Es algo por lo menos,
Y desde luego es todo cuanto tenemos.

Cuando te vayas y te la quieras llevar.
Si es que te la quieres llevar,
Y es qué hipotéticamente hubiese un sitio
Donde llevarla,
Te va a caber entera en un bolsillo.

Entonces, compañero, hermano hombre,
Animal de mi especie,
Si te preguntan por la vida,
Mejor dices que se te olvidó,
Entre tanto dolor y placer,
Que no te diste cuenta,
Que no te fijaste bien.
Por lo menos seamos elegantes.
Por lo menos.


   Autor: Washington Daniel Gorosito Pérez
____________________________________






Enrique Myro y Pablo de Olavide



La Voz de Todas Partes

La primera biografía novelada
 de don Pablo de Olavide, 

por Enrique Myro, 

publicada por Editorial MaLuma

Antonio Ortiz, La Voz de Todas Partes, junio 2018

He pasado multitud de veces por La Aldea de los Ríos, sobre todo antes cuando no estaba abierta la autovía N-IV, y la carretera nacional atravesaba todos los pueblos: Bailén, Guarromán, la Aldea de los Ríos, Carboneros, La Carolina, y así toda una lista hasta Madrid. Pero la verdad es que nunca me había parado en la Aldea, y hoy en casi 30 años, aparco por primera vez en su plaza en buscando la casa del escritor Enrique Myro.

ENRIQUE MYRO

Tras llamar dos veces, un hombre corpulento con chepa y una no pequeña cabeza, pelo muy cano y barriga oronda, al fin me abre la puerta.
– Perdone, estoy un poco sordo. En realidad, no le he oído, he abierto por qué intuía que iba a venir y le estaba esperando.
– Gracias Don Enrique, soy Antonio Martín de La Voz de Todas Partes.
– Le dejaré entrar si me suspende el don.
– Sin problemas.

ENRIQUE MYRO
ENRIQUE MYRO

Le contesto.
Se aparta y me cede el paso a la vivienda. Sin más preámbulos cruzamos el zaguán y un distribuidor que nos conduce al salón donde en una esquina a la izquierda está su despacho.
– Siéntese por favor.
Me indica una silla de madera con asiento de anea frente a su mesa.
– Bueno, usted dirá. Perdone, ¿le importa que fume?
– Por favor, se lo agradezco, yo también lo hago.

Ambos encendemos un cigarrillo y amablemente me acercó un cenicero.
– Como le comenté en nuestra conversación telefónica de ayer, me interesaría que me hablara de su reciente novela “El Renacer de la Rebelión Ilustrada, Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo”.
– Por mí encantado, adelante.
– ¿Le importa que grabe la conversación?
– En lo absoluto.
– Gracias.
Manipulo el móvil y lo pongo sobre la mesa.

ENRIQUE MYRO
EL RENACER DE LA REBELIÓN ILUSTRADA.
DON PABLO DE OLAVIDE Y EL INGENIERO IZQUIERDO
– Lo primero que me gustaría preguntarle es, ¿Por qué el Superintendente don Pablo de Olavide?
– Es muy sencillo, yo he vivido por motivos profesionales en muchas partes del mundo y en cada una de ellas he procurado estudiar la historia del entorno. Cuando hace veintitantos años llegué a las Nuevas Poblaciones, me encontré con el personaje de Don Pablo de Olavide, alguien increíble tanto desde un punto de vista humano e intelectual, aunque algo menos como político, y ahí empezó todo.
– Pero concréteme algo acerca de su obra, ¿es una novela histórica?
– Pues realmente no lo es. En mi novela se cuentan siete historias entremezcladas, de las cuales dos son realmente históricas. La primera historia, la más importante claro está, es acerca de Pablo de Olavide. En ella se novela la biografía de don Pablo, pero fundamentalmente desde un punto de vista humano, aunque es obvio que se tocan sus aspectos políticos. A través de un artilugio literario Don Pablo y el ingeniero Izquierdo nos cuentan los aspectos más domésticos y entrañables de la vida del Superintendente, sus amores y sus desamores, sus inquietudes y sus vicisitudes, fiel reflejo de su, digamos, impresionante personalidad y capacidad vital.
– ¿Y las otras historias?
-Pues mire, claro es que se cuenta la historia del ingeniero Izquierdo, en el fondo un pre triunfador que tuvo que enfrentarse con el poder establecido al igual que lo hizo Don Pablo.
– Por favor, explíqueme eso de pretriunfadores a los que ya he visto que le dedica la novela.
– El concepto de pretriunfador en realidad es el de perdedor, aquél que debe existir para que luego alguien con su idea sea el triunfador. A lo largo de la historia vemos que el que triunfa siempre es el segundo. Primero tiene que haber un fracasado, así le ocurrió a Don Pablo y no sabemos todavía si le ocurrirá lo mismo al ingeniero Izquierdo.
– Si no le importa, volvamos a las historias de su novela.
– Bueno, luego está la de Fernando Izquierdo, que se enfrenta con el poder comarcal establecido, y también la de Esperanza, su mujer, una ejecutiva de una importante cooperativa oleícola que se tiene que enfrentar con algo por desgracia muy frecuente en nuestro país, con la corrupción.
– Pero eso son historias actuales en contraposición de la biografía de Don Pablo que ocurrido hace 200 y pico de años.
– Efectivamente. Pero yo creo que ahí está el interés de esta novela, el mezclar los hechos ocurridos hace tanto tiempo con los que estamos viviendo hoy. En la comparativa que obviamente se plantea, veremos que hay cosas en las que hemos mejorado y otras que en las que no. Por ejemplo, Don Pablo le cuenta a Fernando que una de las cosas más grandiosas que la sociedad actual había conseguido era el control del sol. En sus tiempos, dice Don Pablo, el sol marcaba sus vidas. Cuando desaparecía en el ocaso sus vidas cambiaban, no podían viajar, no podía leer, casi no podían hacer nada, y eso que los ricos tenían sus artilugios que les permitieron disminuir dichos efectos. En cambio, vosotros, decía el Superintendente, le dais un pellizco a la pared y el sol aparece de nuevo.
– ¿Y con qué más historias nos vamos a encontrar?
– Pues mire hay una, la cuarta, a la cual le tengo especial cariño, es la que desarrollo en base a una idea recogida de la obra de Buero Vallejo, Un Soñador para un Pueblo. Resulta que Carlos III, al cual don Pablo no era muy afín, vivió una década realmente ilustrada que fue desde 1766 cuando expulsó a los jesuitas hasta 1776 cuando permitió que la inquisición encerrara en sus cárceles a nuestro biografiado.
– ¿Y cómo se explica ese cambio?
– Eso es lo que hago o intento hacer en la cuarta historia, pero para saber qué ocurrió si me lo permite, hay que leer la novela.
– ¿Que más nos puede referir de su obra?
– Hay otro tema interesante como es el de los amores complementarios o paralelos. Sobre ellos don Pablo nos dice que nuestra sociedad actual como consecuencia del rancio romanticismo, es mucho más restrictiva en relación con los amores personales de lo que era en la segunda mitad del XVIII. Es un asunto muy atractivo para mí, sobre el que me he permitido novelar en diferentes ejemplos. Es lo que podríamos decir que constituye la quinta historia.

ZABALETA

Pero dígame una cosa, ¿por qué situada la novela en Quesada y no en La Carolina o en Guarromán o incluso en la propia Aldea de los Ríos, por miedo a caer en el autobiografísmo?
– No, que va, no soy tan presuntuoso. Espero que la mayoría de los lectores no sepan sobre mí más que mi nombre y las cuatro líneas de la solapa del libro. Pero me alegra que me haga la pregunta porque la sexta historia narra la vida de un pueblo, Quesada, pero que podía haber sido cualquier otro. En el fondo creo que la vida en la mayoría de los pueblos andaluces es igual y todas tienen su centro neurálgico en el bar. Por cierto, que en esta historia utilizo a un narrador sui generis, del que me encuentro muy satisfecho.
– ¿Nos puede decir algo más sobre ese tema?
– No creo que fuera oportuno, además perdería interés la novela.

– Lo que usted diga.

ZABALETA

– Además, déjeme decir que Quesada es el pueblo de Zabaleta uno de los grandes pintores del siglo xx español, y tenía deseos de novelar acerca de su vida y su estética.




Al entrar al salón vi que en el testero de la derecha había una excelente reproducción del Niño del Pollo y al sentarme me encontré con el Viejo de la Garrota, colgado tras el despacho del escritor, donde todos los próceres cuelgan su presuntuoso retrato.
– Por otra parte, geográficamente las historias que cuento se desarrollan en el marco andaluz que va desde Quesada hasta La Carolina pasando por Úbeda y Baeza en el eje horizontal, y desde Guarromán hasta El Porrosillo pasando por El Acebuchar, la Isabela y el increíble castillo de Canena en la vertical. Unos parajes espectaculares que he intentado describir lo mejor que he podido.


– Por mi parte puedo asegurar que lo conseguido.
– Gracias.
– Me parece que nos ha hablado de seis historias y creo recordar que dijo que eran siete.
Efectivamente, en la séptima aparece el contrapunto histórico de don Pablo, un descendiente llamado Isabelo, que junto con el ingeniero forman un triángulo que nos permite apuntalar la historia de los tres. Creo que Isabelo es un personaje entrañable que va a cautivar a los lectores.
– Muy bien, ingeniero Myro, porque usted también es ingeniero como Fernando ¿no?
– Efectivamente, lo soy.
– ¿Le gustaría añadir algún a cosa más?
Pues mire, sí, gracias. Verá, yo como lector reivindico que el narrador sea absolutamente honesto conmigo, que no me oculte nada, ni sepa algo que yo no sé. Es decir que entre las diferentes formas de narrar, la que no soporto es la que el narrador lo sabe todo, omnisciente, y la que prefiero es la del narrador no omnisciente, esto es, que no sabe nada más que lo ve y oye, como si fuera una cámara de cine. Esta técnica es la más difícil, porque para describir si un personaje, por ejemplo, está contento sólo podemos hacerlo por lo que dice o por las expresiones de su cara, o por los gestos que hace.
– Comprendo.
He procurado narrar la mayor parte de la novela con esa técnica, me ha costado mucho trabajo, pero lo he disfrutado. Espero que los lectores también disfruten de los resultados.
– Por último, por favor hábleme de la Editorial MaLuma.
– Sólo le puedo decir que le envié mi manuscrito por indicación de una amiga y que desde el primer momento he recibido un trato rápido, exquisito y eficaz, y sin coste alguno para el autor, como si uno fuera un escritor de bestseller.
– Me alegro porque no suele ser lo habitual para los escritores noveles.
Me acompaña hasta la puerta y cuando la cierra, me quedo un rato disfrutando de la aldeana belleza urbanística de La Aldea de los Ríos que Don Pablo de Olavide diseñó hace 250 años, como se cuenta en la novela de Enrique Myro.
***************************************************************
Esta obra la puede comprar en su librería habitual directamente en la página web de la editorial MaLuma con envío gratis.

TODOS ESCRIBEN SOBRE EL AMOR MENOS TÚ de Abdul Hadi Sadoun

TODOS ESCRIBEN SOBRE EL AMOR MENOS TÚ
El silencio colma la estancia. En esa soledad de lo por crear el abismo es infinito y el poeta sabe que no hay otra forma que abandonarse en el vacío para alcanzar el cielo. Pues no otra cosa que abismo es la verdadera poesía. En ese tránsito hacia no se sabe dónde la palabra germina como la única voz del universo. El poeta se abstrae en la contemplación de las cosas, que las mira pero abismándose en ellas, adentrándose hasta el fondo para beber de la emoción de haber vivido en ellas toda la soledad y el silencio de su existencia. Es un instante solo, tal vez una décima de segundo, un estallido de luz y color, una llama que prende y se propaga vertiginosa, la palabra. Solo con ella el poeta es capaz de transformar el mundo, imaginar otros tan desconocidos como apasionantes, y así, una tras otra, las palabras van de un lado a otro, suben y bajan, se adentran en la caverna y nacen a la luz de la alborada y el sueño. En esa tradición de lo oculto y desconocido aparece un lenguaje sublime, intenso y bello. Desde tiempos inmemoriales la palabra esculpida en los silencios de la noche, la que nos habla, por fortuna de lo humano y lo divino, que vuela libre por el aire, de Oriente a Occidente, y viceversa. 

 Todos escriben sobre el amor menos tú.

Llega hasta nosotros hoy la palabra poética de Abdul Hadi Sadoun (Iraq, Babdad, 1968), una voz serena, que comparte tanto en lengua española como árabe, uno de sus valores principales, y que en esta ocasión decidió que fuera en español, dando así al poemario una dimensión distinta. Abdul Hadi ha publicado numerosos libros, entre los que destacan: Escribir en cuneiforme (2006), Plagios familiares (2008), Pájaro en la boca y otros poemas (2009), Siempre todavía (2010, Campos del extraño (2011) y Memorias de un perro iraquí (2016). Un poemario y una novela son las dos últimas entregas de Sadoun: en Campos del extraño (selección de su poesía) el paisaje de Castilla y la influencia de Machado es una constante («En el mismo tren de cercanías / o de tercera / que te llevó hace ya un siglo / voy / pero con el equipaje repleto de recuerdos / dejando Madrid atrás / y más aún Babdad»; en Memorias de un perro iraquí, nos encontramos con la entrañable pero triste historia de una familia de galgos, en la que Líder será el único superviviente tras el devastador conflicto bélicon que acontece en Iraq, en un claro homenaje a Cervantes, no olvidemos que Sadoun es también un hispanista. Esta circunstancia viene avalada por su poemario más reciente: Todos escriben sobre el amor menos tú, del sello editorial “Bala Perdida”. El tema principal de este libro no es otro que el amor, que ya deducimos de su título. El amor como centro y periferia, razón primera y última de la existencia humana. En este poemario Sadoun ha buceado en la tradición literaria árabe y española, y en ese abismarse del que se hablaba al principio de este comentario ha surgido la luz de nuevo, la esperanza en el futuro, pero solo si de la mano del amor procede, como así nos dice Ben Jafacha, de Alcira: «La mano del amor nos vistió en la noche con una túnica / de abrazos que rasgó la mano de la aurora», o el propio Abdul, en ese juego de imágenes y espejos: «No hay vencedor más que el beso / -me comunican- / beso de vino inocente / en el que bebemos hasta la embriaguez / y comemos sin cesar, su maná», versos pertenecientes a la primera parte del libro, de título “El desorden de los días”. El poeta, incansable, busca en la oscuridad y la luz, se adentra en su propio interior, en su alma («Aquí el alma no se derrite, / se regala»), sin importarle el tiempo, porque solo le basta el deseo de hallar esa palabra mágica, ese temblor que lo devasta todo y todo lo deslumbra: el amor. Por eso no hay cansancio, tampoco dolor, nada que se interponga, y así, contundente, escribe Sadoun: «Hacia ti, / apenas hay camino». El tiempo no existe en esa búsqueda del yo y el tú para ser uno, un cuerpo y un alma, una palabra que defina el mundo, una sola razón: «Dame una razón para saltar / las vallas del querer / para intentarlo en contra del límite / y para amar profundamente». En la segunda parte del libro: “El rincón de las fechas impares”, Sadoun cambia de registro, optando por la reflexión profunda y la brevedad en todos los poemas que la conforman. El verso en su esencia, la palabra como temblor en ese abismarse hacia dentro para hallar la luz, como así se muestra en el poema 17/3: «En los libros / inventamos la historia, / en la palabra, la vida. / ¿En qué rincón de la memoria / -oh Hacedor de los huecos- / sembramos el olvido?». La influencia de la obra machadiana en Abdul Hadi es constante, como así nos llega en estos versos: «Leer, escribir, comer / o como se dice / hacerse la vida. / Pero el sabio Machado / lo dijo hace mucho: «Un corazón solitario / no es un corazón». La soledad, el paso del tiempo, el amor en todas sus formas posibles sustentan este interesante poemario. Porque, como dice el también poeta Juan Carlos Mestre en su prólogo: «Pasión y memoria del amor vivido , amor y nostalgia de lo pasionalmente imaginado, la ancestral invocación a cuanto aún anima la resplandeciente belleza de quien no está solo en el coro humano, sino rodeado espiritualmente de presencias benéficas…» 

Así es, sin duda, la extraordinaria voz poética de Abdul Hadi Sadoun. 

Abdul Hadi Sadoun
Abdul Hadi Sadoun


Título:Todos escriben sobre el amor menos tú
Autor: Abdul Hadi Sadoun
Editorial: Bala Perdida (Madrid, 2018)

Washington Daniel Gorosito Pérez

FUTURO
Nombrar la desesperación es trascenderla.
Lautreamont
No vendo predicciones,
tengo una visión regresiva y retrógrada del progreso,
vamos hacia la deliciosa barbarie.
Las profecías apocalípticas siempre se cumplen,
el progreso,
es una superstición
como cualquier otra,
desconozco la futurología…
Acumular ciencia, conocimientos, tecnología,
no es progresar,
el futuro es una pendiente
por la que empezamos a caer,
desde el momento de la concepción.
Nacer es comenzar a agonizar,
el futuro, quizás abriga esperanza para la humanidad.
Pero, es derrota para el individuo.
El futuro es arbitrario, imposible de controlar
ni siquiera me consta que habrá un mañana.
En el futuro nada es certeza,
imposible guiarlo, asegurarlo, enriquecerlo.
Más que cambio
el futuro implica una sensación de cambio.
Hay veces en que me es necesaria la permanencia
y la estabilidad.
Los buenos y los compasivos creen en el progreso,
en el sentido de una mejoría de la condición humana,
en una sociedad armónica, noble y buena.
En una vida bucólica, alejada de lo urbano,
de lo industrial, de lo artificial,
de la barbarie tecnocrática.
Hermosa utopía.
Por mi parte,
percibo el futuro, decadente,
cuesta abajo, como el tango.
En el mejor de los casos,
lo imagino como algo estático,
en el que nada pasa,
en el que todo da vueltas sobre sí mismo.
No tengo valor para imaginar el futuro.
Quisiera ser un ingenuo,
nada quiero saber del futuro,
con todo su cortejo de noticias,
de acontecimientos, de sucesos, de sorpresas.
No me interesa el futuro.
Un futuro que ya no está,
que ya se fue,
superar mi futuro,
dejarlo atrás,
sin llevarlo a cuestas.
Me conformo con el presente,
con este ínfimo pedazo de eternidad.
Que el presente se prolongue
como un prólogo de un libro
que nunca se escribe.
Que ya no pase el tiempo,
quiero quedar desterrado para siempre del tiempo.
Todo quieto, cristalizado,
que no se mueva ni una hoja.
Que nada fluya
la gota que cae, que quede suspendida en el aire,
que nada se desmorone.
Sin horas, sin minutos, sin segundos,
ni siquiera instantes.
Cada momento que pasa me pesa.
Sin sumar, sin restar,
sólo escuchar como no transcurre el tiempo.
Sin que principie el tiempo
sin que luzca el tiempo
cansado de que pase el tiempo
ya sin la lentitud del tiempo
un tiempo que ya no es implacable
ni la brisa de las horas me despeina.
Ni el vendaval de los años
ya sin los tiempos que ya pasaron,
sin los tiempos que vendrán
sin que nos quede poco tiempo.
Este instante detenido en una cósmica explosión
sin tiempo para amontonar inútiles recuerdos
arrumbar de antemano el futuro
alejarme de esa muerte lenta a pedazos,
que son los días, meses y los años.
Medidas de tiempo que ya no están a mi alcance
quedarme con estos dolores,
con estos sinsabores,
con estas ausencias y con estas nostalgias.
Permanecer en una infinita lentitud,
holgada,
perezosa,
leve.
Sin perder el tiempo con sermones,
ni darlos ni recibirlos,
me subleva que me quiten el tiempo,
me anula y me paraliza.
Ya no sé que hacer con el tiempo.
No logro enfrentarme al tiempo.
Estoy saturado de tiempo.
Dejar el tiempo perdido y marchito
tiempo que no termina
pero deja de existir.
Nació un 24 de Junio de 1961 en la Ciudad de Montevideo, República Oriental del Uruguay.
Actualmente reside en Irapuato, Guanajuato, México. Naturalizado mexicano en l999.

Obtuvo a la fecha 2 Premios Provinciales, 5 Nacionales y 14 Internacionales.

Participó en 16 Antologías Internacionales  y 2 Nacionales.
Escritor. Poeta. Ensayista. Investigador. Periodista. Sociólogo. Catedrático Universitario. Analista de Información Internacional y Defensa en periódicos de Uruguay, México y Ecuador. Parte de su obra ha sido traducida y publicada en inglés, ruso e italiano
Premios y Distinciones:
Internacionales: 1992: “1º Lugar” Premio Latinoamericano de Comunicación, Unión Católica Internacional de la Prensa, UCIP. San Pablo, Brasil.
Premio de Periodismo “Amistad, Norte-Sur” Oficina de Prensa del Gobierno Alemán, Berlín, Alemania – 1999:
“Mención Especial” Fundación Internacional de Literatura “Premio Antonio Machado”, Collioure, Francia – 2002:
“Antares I” y “Mención Especial” Autor Extranjero, Publicaciones Altair, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina –
2003: “Antares II” y “Mención Especial” Autor Extranjero, Publicaciones Altair. Nacionales:
1993: “2º Lugar” Concurso Nacional de Ensayo Histórico “Fray Bartolomé de las Casas” Fundación Bartolomé de las Casas, México. “2º Lugar”
Concurso Nacional de Ensayo Literario “Sor Juana Inés de la Cruz”, Sociedad Cultural México – 1998:
“1º Lugar” Concurso Nacional de Ensayo Literario “Sor Juana Inés de la Cruz” Sociedad Cultural Sor Juana Inés de la Cruz – Instituto Mexicano Libanés – 2001: “1º Lugar” Poesía, Juegos Florales de la Revolución Mexicana, Instituto Michoacano de Cultura, Michoacán, México. 2001
Provinciales: 1994: “3º Lugar” Nivel Profesorado, 2ª Olimpiada Estatal de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad de Guanajuato, México.
1º Concurso, Oratoria Universitario, Universidad de Santa Fe de Guanajuato – 1997: 1er. Lugar- Categoría: Catedráticos.
“2º Lugar” Estatal, 1º Concurso Nacional sobre Tradiciones y Leyendas de México, Inst. Mexicano del Seguro Social IMSS, León, Guanajuato, México.
2006 y 2007 Mención de Honor Premio Internacional de Poesía “María Eugenia Vaz Ferreira” Uruguay.
2007-Academia de Tango de la República Oriental del Uruguay. Concurso Poesía Ciudadana.
2º. Premio Categoría Internacional-2006 VII-Concurso Internacional de Poesía “Lincoln-Martí 2009”-Diploma de Mérito (EEUU).
1er Premio V Concurso Internacional Literario “Antorcha Cultural” 2009-Mendoza, Argentina.
Concurso de Cuentos “Líbano”-Sociedad Libanesa del Uruguay, 3er lugar, 2010, Concurso de Poesía “Prof. Nassime Hanna Nasser”, Sociedad Libanesa del Uruguay, 2º lugar. Uruguay 2010.
Premio Internacional de Poesía “Latin Heritage Foundation” (Fundación Herencia Latina),  Nueva York. EE.UU 2011.
Premio Limaclara Internacional 2012-Ensayo-Periodismo-Buenos Aires-Argentina. IV Concurso de Poesía María Luisa Moreno, Mención Honorífica, 2012; Dolores Hidalgo, Guanajuato, México.
Mención Honorífica-Tercer Concurso de Poesía de Espacio Mixtura, 2012, Montevideo-Uruguay, 2013.
Segundo Premio Poesía sin rima, 6º Concurso Literario Internacional, Club de Leones-Rocha-Uruguay ,2013.
Mención Honorífica Concurso Literario “Armonía Somers”, Pando- Uruguay, 2013.
Finalista. IV Concurso de Relato Corto y Poesía Caños Dorados- España, 2013.
Primer Premio-Categoría Poetas con trayectoria- Concurso de Poesía- “María Luisa Moreno”- Dolores Hidalgo-Gto- México-2014
2º Premio Narrativa- Segundo Concurso Nacional e Internacional “Armonía Somers”- Pando- Canelones- Uruguay-2014.
2er Premio Poesía- Segundo Concurso Nacional e Internacional “Armonía Somers”- Pando- Canelones- Uruguay- 2014.
3er Premio Lírica- Concurso Literario 130 Años del Departamento de Rivera- Uruguay- 2014
Mención Honorífica-34º Concurso Internacional de la Poesía.Acebal-Argentina- 2015
Obras Personales inéditas:
Poesía: 2002: “Palabras Perdidas” – 2003: “Letras Dispersas” – Ensayo Histórico: 1991: “La Misión del Periodista Latinoamericano” – 1993: “Fray Bartolomé de las Casas, Un Quijote en América” – 1994: “José María Luis Mora, con su pensamiento cambió la Historia” – Ensayo Literario: 1993: Sor Juana Inés de la Cruz “Un Milagro Mexicano en la América Hispánica” – 1998: Sor Juana Inés de la Cruz “Sin Tiempo en los Tiempos” – 2001: Análisis de la obra Poética del Escritor “José Gorosito Tanco”.
Libros en que participa- Antologías Integradas:
1998: “Constelación Poética Hispanoamericana” –
2000: “Senderos Poéticos Hispanoamericanos” –
2002: “Sentires de Hispanoamérica”-
2003: “Renacimiento de América”.
2003, Orfebres de la Palabra-
2005, Así Cantan los Poetas, Tomo 1-2006 (Todas en la República Argentina). Hilvanando Vuelos-Antología de Haikus y Poemínimos–Universidad Iberoamericana León, 2005-México, 
Antología Storica Premio Letterario Speciale 2009 Giulia Gonzaga Contesta di Fondi. Italia.
Para leerlos todos (Antología de Microcuentos) Universidad Iberoamericana León e Instituto Cultural de León-2009 México.
Antología Poética “Una isla en la isla” Latin Heritage Foundation, EEUU- 2010;
Antología Poética, “Mil poemas a Pablo Neruda” Isla Negra-Chile- 2011;
Antología Poética: “Mi país es un Zombi”, México DF- 2011.
Antología I Concurso Internacional de Poesía “Órbita Literaria”- España-2012. Antología I Certamen Internacional Toledano “Casco Histórico”- Toledo- España 2013.
Antología Alquimia de la Tierra-Universidad de Huelva-España 2013.
Antología de Poesía- “Latidos de Vida”. Editorial Libróptica- Buenos Aires-Argentina- 2013.
Antología- “Aromas de la Ciudad”- Latin American Intercultural Alliance- Nueva York- Estados Unidos- 2013.
e-book-Jaula Poética-Editorial Revista El Humo-Qro-México-2014
Miembro de la Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP), Poetas del Mundo y Red Mundial de Escritores en Español.
Colaborador de Análisis Internacional y Temas de Defensa en Noticias Guanajuato, Guanajuato Informa, El Heraldo, El Regional Buen Día, Kuali Guanajuato (México), El Autonomista (Ecuador), Informe Uruguay.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MAX. 23 KG. DE ANA LÓPEZ

Librería Bibabuk jueves 31 de mayo 2018 19,30
Por María Ángeles Lonardi
La literatura de Ana va de lo conocido a lo desconocido. Es capaz de recorrer lugares que no existen y de llevarnos a sitios insospechados. Y tiene además, una particularidad, convierte lo fantástico en cotidiano y descubre en lo cotidiano, la magia. Porque su literatura es vital, es aventura, es libertad, es viaje.
Un viaje hacia el otro lado del mundo o hacia ese sitio donde está tu lugar en el mundo. Un billete hacia tu nueva vida, hace de punto de partida y la maleta, tu equipaje: que sólo podrá ser máximo 23 kg. Y como un “mantra” maldito te coarta, te limita, te comprime, te ahoga…sin embargo, no renuncias a nada, ni a tu pasado. Lo quieres llevar todo. Lo único verdaderamente difícil, es saber qué merece la pena ser cargado, -como dice en la contraportada del libro-.

ANA LÓPEZ junto  MARÍA ÁNGELES LONARDI

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MAX. 23 KG. DE ANA LÓPEZ

Este libro, muy pequeño, compacto, como un extracto, como un perfume caro, “comprende las historias de aquellos 23 kg que arrastré por Chile, Colombia y Uruguay para traerlos de vuelta a Sevilla”- nos dice la autora-.
Ana habla en este libro de historias y de viajes. Y viajar exige un aprendizaje. No todo el mundo se adapta, ni sabe organizarse.
A pesar de estar acostumbrados a viajar, algunos no sabemos hacerlo aun y al hacer ese “verdadero ejercicio de desapego”, vuelves a “tentarte” y vuelves a caer y a acumular cosas innecesarias; y al final, siempre tienes la sensación de que no haces bien las cosas; la sensación de que no te vas del todo, sobre todo, cuando repartes tus cosas entre familiares y amigos.
Y vuelves a desprenderte de cosas.
Quiero destacar la frase que toma el prólogo de Alfredo Zitarrosa:
No eches en la maleta lo que no vayas a usar. Son más largos los caminos pal que va cargao de más”. Y esto es una gran verdad!
En este libro están las historias de gente con la que Ana compartió el viaje, gente con la que se cruzó por el camino, la que desapareció, la que se encontró, se imaginó y la que ha tenido que buscar con sus fotos, dibujos y aportaciones, porque toda esa gente le aportó algo, porque la vida es un poco así. La vas armando de a trocitos, con lo que te dan, lo que haces, te enseñan, aprendes historias inconexas, piezas de un rompecabezas que un día se hacen mural, encajan a la perfección y luego vuelves a tu entorno a tu “normalidad” y la aerolínea te recuerda las normas: Máximo 23 KG.
Este libro es el relato de un periplo fantástico, un tanto evocador, y un poco loco, pero tan cercano que no te dejará indiferente.
Por ejemplo, nos descubre a Omar enamorado de una sirena. Luego, juega con la realidad y la fantasía para hablarnos del origen de un río que desemboca en un inmenso valle de varios kilómetros. Y el relato es como una leyenda, un cuento fantástico.
Después, muy hábilmente, es capaz de la mayor ternura cuando nos cuenta historias de zapatos, especialmente los zapatos rojos y te hace creer en fetiches expectativas para darte la puntilla en el final del relato.
La vida está llena de casualidades extrañas y de encuentros impensados, inusuales, raros con mariposas amarillas, las “Eacles imperialis” como las que abundan en Uruguay.
Y nos trae a la realidad, a la cruel realidad. Te mete el miedo en el cuerpo cuando nos habla de esa gente, que la sorprende, con la habilidad de distinguir los bombardeos o el ruido de las balas al caer.
Y nos deja bien claro que la muerte, hace mucho que dejó de ser algo personal para ser de todos, como lo es en Colombia. Y cómo es de difícil aceptar o entender que lo único que nos puede salvar, es reconstruir desde el inicio, desde el principio.
Luego nos provoca, con el sexo entre las manos y habla de una mujer que no está, que no puede verse, sino como una imagen que alcanza apenas a completar una fotografía…
También aparece una hermana, Alicia, que se refugia en una pared blanca para escapar de la locura.
Y Ana sigue de viaje. Le habla a su compañero de aventuras con mucha ternura…y se pone romántica la cosa…Y es capaz de contarnos una historia de café y tostadas, de la tristeza de no poder cambiar el destino, de la vida cotidiana, de estar en paro hace más de dos años y con casi 45 años, sin oportunidades, hilvanando una historia de esas en las que nunca pasa nada…pasa la vida y se consume en el tedio y la monotonía y de pronto, una entrevista: ¡cómo puede cambiarte la vida en un segundo!
Y en un segundo la vida puede esfumarse como la de las protagonistas de la película, en la que puedes armar la historia. Y te deja pensando…
Y te deja perplejo al rescatar una palabra, MAMIHLAPINATAPAI, de los nativos Yámanas de Tierra del Fuego. Es la palabra más concisa para describir “esa mirada” de deseo mutuo pero, es casi impronunciable!
Y en un intento de acercarnos al azul cielo aparece una mujer que habla del color de su tinte del pelo y ya no sabes qué pensar…

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MAX. 23 KG. DE ANA LÓPEZ
Pero Ana sigue con los relatos, Ana sigue metiendo relatos en la maleta.
Y nos habla de la espera, frente al mar, de las raíces que se quedan en algún lugar, de ser mujer, tierra, fuego, elemento…
Y por si fuera poco, por si quedara sitio para algo más, nos deja un cuento que se titula “desromántico de tres actos”, como colofón. El Herrero y la Ninfa: son protagonistas de una bonita historia que nos trae el Viento del sur. Un viento que no puede irse, pero tampoco quedarse…como si no pudiera emprender el viaje…
Y recuerda, si quieres viajar, seguramente en la aerolínea te dirán que, de equipaje: Máximo23 Kg.

ÁNGEL MOLINA PAREDES. Luz de tus ojos


El tiempo
Luz 
De tus ojos
Pasa
Gota a gota
Se deposita
Haciendo costra
Grano a grano
Desierto perpetuo
Se extiende
Palmo a palmo
Piel inerte
De tus versos
Besos
Mi presente 
Silencio
Escribe
En tu mano
Líneas futuras
De tu pasado

El discreto encanto de la lluvia torrencial.

autor: Joseph Einbund


Yo aguardaba al bus que me llevara a mi trabajo a la zona de carga y descarga donde debía poner a prueba cada día mi musculatura transportando heladeras pianos y otras chucherías cuando vi que se abría la puerta trasera de un bus que no me servía y salía despedido igual que una basura el cuerpo medio desnudo de una mujer como si eso fuera nada más que una rutina aprecié rápidamente la calidad del artículo y las condiciones en que se hallaba la puerta se volvió a cerrar y el bus continuó su furioso camino seguro que a cumplir su servicio de descargar gente con aún mayor celeridad y eficiencia si cabía no había más nadie a la vista así que corrí a prestarle mi ayuda lo primero que pude apreciar fue su culo y segundo que ese culo o estaba pidiendo guerra o si no me equivocaba había acabado de ganar una batalla ya que estaba todo humedecido por una sustancia que yo conocía muy bien pero que no era la mía tomando en cuenta previamente todas esas consideraciones comprendí que la calle era un lugar peligroso para andar inspeccionando artefactos culinarios por mas útiles que sean así que la ayudé a levantarse y pude apreciar inspeccionando con el tacto cosas que me llamaron poderosamente la atención que si bien se había escrachado el trasero por supuesto que yo tengo mis preferencias todavía estaba en buenas condiciones de uso y debió agarrarse como pudo de mis bolas debido a que sus piernas aun estaban flojas mientras yo la arrastraba como podía por el sobaco y las tremendas tetas hasta el banco era deplorable el estado en que había quedado la cremallera reventada y el culo también con la caída como dije no había mas nadie así que únicamente yo pude apreciar ese tremendo culo refrescándose como yegua que levanta la cola por supuesto para ayudarla debía alzarla por el sobaco pero debido a su precario desorden de vestimenta desplazada por la caída estaba medio desnuda así que al incierto equilibrio de su andar se unió ese golpe que me impedía agarrarla por el sobaco y lo único que encontré fue su teta como ubre de vaca que encontré suficientemente firme y que podía servir al caso en vez de quejarse me lo agradeció y entonces se puso a llover torrencialmente no era aquí pues momento para no compartir y al verla temblando comprendí que había llegado la hora con tan mala suerte que me sentí en la obligación de cubrirle el trasero subiéndole la cremallera, pero ella se había roto(la cremallera) y su culo debió continuar en flor observando la lluvia caer a todo esto ya mi polla había cruzado los cuarenta y cinco grados longitud sur o las nueve y cuarenta y cinco del meridiano de Greenwich con lo que únicamente buscaba hacerse útil reclamando una acción inmediata que le permitiera cumplir con su deber la lluvia arreciaba cada vez más y yo también con lo que considerando la idea la hora el día y la oportunidad dado el caso de la escasa visibilidad el escaso transito y la improbabilidad de que la lluvia cesara con lo cual la mujer de este relato estaba mojándose inútilmente su ropa y su trasero era una picardía que no se la levantara lo suficiente como para que mi cada vez mas quejosa polla no tuviera mas libertad de acción y así mientras yo me preocupaba de su falda ella lo hacía de mi pantalón por el motivo de que esta era la peor hora para preocuparse de perder el autobús de las cuatro ya que difícilmente vendría ante este difícil dilema las cosas se resolvieron satisfactoriamente sin embargo ya que al liberarse mi polla de su encierro causo una profunda y apreciativa admiración con lo cual se dió orden inmediata de despejar la zona aledaña que pudiera perturbar el paso de la polla en el cumplimiento de su misión y así la polla y el coño bendito terminaron de lo mas amigos y los dueños de ellas las besaron y babosearon abundantemente ante la felicidad del público que se congrego para ver el espectáculo pues la lluvia había cesado hace rato y cuando el bus se detuvo agarre mis pantalones corrí con el mar de gente y tuve suerte de entrar en cambio la mujer del culo se cruzó con la puerta cerrada en el momento oportuno con lo que se comprobó que no había leído su horóscopo de hoy no debía intentar de subir a un bus así que se descalabro repetitivamente hasta que pude comprobar apenas desde mi esforzada curiosidad que había derribado a un par de piernas fornidas de un alma caritativa que seguramente conocía este relato y le tocaba continuarlo..

MADRE DE LECHE Y MIEL

de       NAJAT EL HACHMI

Editorial Destino 2018
Por María Ángeles Lonardi

MADRE DE LECHE Y MIEL


Es una novela feminista, que reivindica el lugar y la voz de las mujeres y dice la autora “Me apetece mucho hacer literatura sobre todas las mujeres que he conocido porque están totalmente olvidadas” Najat El Hachmi
Y ¿quién es Najat El Hachmi?
La autora nació en Beni Sidel Marruecos en 1979. A los ocho años se trasladó a Vic, ciudad donde se crió. Estudió Filología Árabe en la Universidad de Barcelona y ha sido mediadora cultural en Vic y técnica de acogida en Granollers.
En 2004 publicó su primer libro, Jo tamé sóc catalana (Yo también soy catalana). Le siguieron el último patriarca (2008, premio Ramón LLull, Prix Ulysse y finalista del Prix Mediterranée étranger), traducida a diez idiomas; La cazadora de cuerpos (2011), publicada en castellano, inglés  e italiano y La hija extranjera (2015, premio BBVA Sant Joan y premio Ciutat de Barcelona). Colabora habitualmente con el Periódico de Catalunya.
Madre de leche y miel narra en primera persona las peripecias de Fátima, madre de Sara, que deja el rif, al norte de Marruecos, el lugar donde nació, para ir en busca de una nueva vida en Barcelona con su hija pequeña.
La novela comienza cuando la protagonista regresa a su pueblo natal y narra oralmente a sus hermanas casi todo lo ocurrido y las vivencias soportadas para lograrlo. Como Sherezade narraba en “Las mil y una noches”, con todos los detalles. Les contará lo que quieren oír, dejándose llevar poseída por una ancestral virtud, muy destacada del pueblo marroquí, los “cuentacuentos” que se pueden encontrar en la plaza de Marruecos.

Se guarda detalles escabrosos, pero sabe ahondar en lo más importante. Y además, el libro contiene al final un glosario de terminología y significado para que el lector no se pierda ningún detalle y conozca, con más exactitud, los términos y giros costumbristas de la región. Esto enriquece el vocabulario de cualquiera  y genera una amplitud de miras que se agradece y mucho.
Los personajes están muy bien traídos y van dando forma a la novela y la enriquecen. Fátima es muy creíble, Sara y los demás personajes también. Sus perfiles son defendibles y emocionalmente tan normales como cualquiera de nosotros. Asumen las dificultades y las enfrentan como cualquiera lo hace y eso los humaniza.
El mensaje cobra sentido. Se trata de reivindicar el lugar de la mujer en la sociedad. Revalorizar la mujer que se atreve a salir adelante a pesar de las adversidades. Destaca la capacidad de lucha, de convertirse en el “hombre” -como dice Fátima en una parte del texto- “Seré el hombre, me aguantaré el hambre” para que no le falte el pan a mi hija, “seré el padre de mi hija” y se sobrepone a todo, se fortalece y se empodera.
 

MARÍA ÁNGELES LONARDI
NAJAT EL HACHMI y MARÍA ÁNGELES LONARDI

Es una novela muy bien narrada, dividida en dos partes con diecisiete capítulos la primera parte y dieciocho capítulos la segunda y un Epilogo, muy original, que es una carta sonora de una madre clamando porque regrese su hija.
Excelente dominio del lenguaje, testimonial en algunos casos, de vivencias transmitidas de madres a hijas o de abuelas a madres, que revelan un muy cercano y esclarecedor conocimiento de los temas abordados.
Una característica más que quiero subrayar, es que hace referencia a los años lunares y no al año calendario gregoriano, para ir marcando la edad de los protagonistas.
Propicia los saltos temporales del narrador; así se materializa una anacronía muy interesante. Este recurso consiste en que dos líneas temporales se van entrelazando a lo largo del relato. Como podemos observar hay datos del pasado en el Pozo de Higueras y del momento de la vida en Barcelona. Esos son lugares físicos donde se localiza la narración. Najat va haciendo un recorrido vital en paralelo entre el momento del regreso a Marruecos y la vida en Barcelona y a posteriori.
Se destaca la profunda escisión de los dos mundos y las vivencias muy diferentes, dependiendo de dónde se produzca este fenómeno migratorio y lo que ello conlleva. Es un retrato realista y convincente del conflicto emocional, de la compleja realidad cultural, social y personal que acarrea la condición de madre inmigrante. Muestra la realidad del mundo rural rifeño y de lo que supone dejar ese mundo atrás y ser mujer hoy en día, en un lugar completamente distinto.
Y ensalza a las mujeres y les da un lugar preponderante en el núcleo familiar y social, en cuanto ellas son las encargadas de transmitir la tradición ancestral, por ejemplo cuando narra los cuentos de su niñez  y el deseo de que su niña conozca también a la Nunya, personaje similar a Rapunzel de la que le hablaba su abuela.

Es muy valioso mantener las tradiciones heredadas ancestralmente que hacen a la esencia de nuestros pueblos, que nos enriquecen culturalmente y como sociedad.
Reconozco en estas páginas una historia de superación personal, de lucha interna, de esfuerzo para derribar barreras, de sacar fuerzas para salir adelante. Mujeres ejemplo de lucha y abnegación, de heroísmo cotidiano y silencioso.
Como escritora celebro que Najat haya escrito esta novela, que está muy bien lograda. Es un valioso testimonio de una historia que puede ser biográfica, aunque intuyo que no en su totalidad, donde la realidad y la ficción se unen en una línea imperceptible.

Y como mujer, agradezco que Najat haya escrito este libro por todas las mujeres que no pueden contar su vida, que no tienen voz y por las que, están totalmente olvidadas y abandonadas a su suerte; condenadas al silencio, a la soledad, al ostracismo…

Saber de esta historia, nos hará ser más comprensivos con estas mujeres, nos ayudará a empatizar aún más con ellas, y por qué no,  le puede servir de ejemplo a tantas mujeres que creen que están solas, que creen que todo es imposible y que no hay salida. No es así, Fátima es una prueba de ello. Najat, como escritora joven y mujer moderna que es, es una prueba de que la mujer tiene un lugar muy importante en esta sociedad; nazca donde  nazca, venga de donde venga, tenga el color de piel que tenga y crea en lo que crea, porque todos somos iguales y porque las mujeres, como los hombres, tenemos mucho que contar, somos parte imprescindible y basamento, pilar fundamental de las familias y de cada sociedad.
NAJAT EL HACHMI
Como dijo la autora en la presentación de su novela en la Feria del libro de Almería: “casi todas las madres dan leche, pero no todas pueden dar miel”

Descubrir el verdadero valor de esta mujer, MADRE DE LECHE Y MIEL es el reto. Dar visibilidad a aquellas que se atreven a enfrentar hasta sus propios miedos y contarnos de forma impecable esta historia entrañable de una mujer del rif, fue el reto de Najat. Ella ha cumplido, y con creces,  ahora nos toca a nosotros.                                             
Almería, 3 de mayo de 2018.

FRANCISCO CAÑABATE RECHE. El sonido interior.

 
 
 
(I)
Hay un mundo invisible, profundo, indefinido, autónomo y extraño del que desconocemos casi todas las cosas.
De eso no tengo duda, existe, está en nosotros.
Yo, que me considero solo un ser anodino, uso mis propios ritos para abrir esa puerta, y cruzarla, y vivirlo.
Pero voy a explicarme.
El asunto es sencillo:
Paso las horas muertas escuchando mis vísceras.
En cuanto llego a casa y me desnudo y grito, y mientras aún se expanden las palabras que digo, me tumbo boca arriba y extendido en mi cama, inerte, casi ido, como un muñeco roto al que olvidaron todos después de la batalla, escudriño la vida. Escucho mis latidos sonar desencajados y me demoro en ellos, su ritmo me acompaña, su vibración me acuna, y en ese duermevela que entonces me domina, refugiado en mi mismo, disfruto como un niño. Noto sonidos netos de una selva diáfana: los rugidos atroces que estallan en mi vientre, la lucha de volúmenes, las vísceras opuestas que chocan y se inflaman; la batalla está ahí dentro: distensiones, espasmos, rayos, hasta tormentas.
Presiento que palpitan enormes avenidas, carreteras extensas que hay en mi propio cuerpo.
En esas dimensiones hay sangre, hay muerte, hay vida.
A veces tengo miedo por todo lo que ignoro y sé que ocurre dentro, otras me puede el vértigo. Reflexiono, imagino y encuentro divertido y aterrador, y grato sentir los intestinos horadar mis entrañas desplazándose móviles, lo mismo que serpientes que reptan al unísono, o escuchar esos gases que pasan y se alejan, silbantes y atrevidos, o darles forma a arterias retractiles y huecas por las que fluye el magma que soporta mi vida, o medir los crujidos con que mis viejos huesos se quejan de su suerte cada vez que me muevo, su chirrido mecánico, su quebrada agonía que anticipa la mía.
Una tarde tras otra profundizo. Adivino.
Me noto respirar. El aire entra, se marcha, suena en los alvéolos avivando fogones y allí dentro, debajo, sigue el latir continuo con que late la bomba que ruge sincopada.
Tic tac, sigue adelante, vital, pulsátil, nueva, la que nunca me falla.
Hasta ahora.
Se ha parado.
 

 

(II)
Después, pese al silencio y pese al abandono, hay un instante lúcido, un destello, una isla, una última morada.
Y se me ocurre entonces, mientras todo se apaga y se me nubla el cielo porque muero despacio, que no he debido hacerlo.
Que tal vez crucé el límite y al romper el enigma del sonido profundo y escudriñar la vida buceando en sus entrañas para encontrar sus claves cometí un error grave.
De pronto me doy cuenta de lo que estoy haciendo.
¿Pretendo arrepentirme?
Aunque no queda tiempo para sentir más nada, dudo, me siento absurdo.
Entonces, sabiamente, hay un gran estallido que me lleva hacia dentro.
Vuelvo a escuchar las notas que ofrecían mis entrañas.
Regreso al infinito.
Al sonido interior.
 
 
APARTADO III: NARRATIVA
 
 
 
Autor: Francisco Cañabate Reche
 
 
 

N2O. Ángel Molina Paredes

Así se establecen
los vínculos
entre el orden y el caos
sembrando
el veneno
que crece
junto a la llaga
cercana

Herida abierta
sin fin
sin retorno
que la contemple
en la distancia

 Escondo los bultos
de la apoplejía 
que se extiende
 no vaya a ser
que estalle
y me olvide
 que soy
 que me defino
 que me encuentro
 perdido
 sin ti
 sin nadie
 que me socorra

 Vacío de noche
 de ausencia
 de deseo
 rompo
los recuerdos
 cual naves
acorraladas
en dique seco
y me pierdo
 entre suspiros
de mares
venideros

 Oh calma
 Oh dicha
 Oh voces
 que fueron
aliento
 especie
 recuerdo voraz

 Hago el puzle
de tu memoria
infinita
 de la que ni supe
ni conozco
paradero alguno
 recojo el fruto
caído
 ese que perece
 que se ausenta
 la mano
grácil
que lo reclama

 Hago recuento
de los espacios
 en blanco
 que han sido
 surco
 huella efímera
 ansia de lluvia
que germine
raíces

Ángel Molina Paredes

174517 EL CORAZÓN DEL PÁJARO.

Cada tiempo es único. A veces pasamos por la vida sin más recuerdo que un vacío terrible arañando nuestra piel y nuestra alma. De ese tiempo, el olvido es la peor de las muertes, como dijo el filósofo. “Cuando un pueblo olvida su historia -se dice-, está condenado a repetirla”. Y si esto no es así exactamente en todos los casos, digamos que hay un alto porcentaje de probabilidades de que lo sea. Con asombro y estupefacción miramos en determinadas ocasiones a nuestro alrededor, al mundo que habitamos para hallar hechos, lugares, situaciones que el hombre, por desmedida ambición, ha convertido en verdadero infierno, en holocausto innecesario. El libro que proponemos en esta sección tiene algo que ver con lo dicho en líneas anteriores. La poesía, una vez más, sirve como elemento dinamizador de la conciencia colectiva. El poeta y el hombre responden al unísono al horror y la ignominia, a los crímenes contra la humanidad que se sucedieron durante el holocausto nazi.
 El libro en cuestión, “174517 [El corazón del pájaro]”, de Tomás Hernández Molina (Alcalá la Real, Jaén, 1946), constituye en sí mismo un grito, una llamada de atención ante los hechos que se vienen sucediendo en nuestra Europa actual, donde el crecimiento de la extrema derecha y su concepción del mundo puede hacer que se repita la historia. Quizá la poesía, y por ende, el poeta consciente del peligro de esa posible realidad haya querido ser como la luz en la oscuridad, como el oasis en el desierto. Desde la coherencia, la racionalidad y el compromiso ético, el poeta bucea en la historia del holocausto nazi trascendido a esencia poética. Bástese el poeta con la palabra, con su diamantina luz para desempolvar del olvido, para recuperar la dignidad de miles o millones de seres humanos enterrados en fosas, gaseados o simplemente fusilados en nombre de una raza única y un desmesurado odio. El número que da título a este poemario no es otro que el que tatuaron en la piel de Primo Levi, escritor de origen judío sefardí y superviviente del holocausto. Es “174517” un canto a la libertad, una llamada a la sensatez y la concordia humanas: «Soy un Häftling, una forma infrahumana, / me llamo 174517 / y la ignominia de este nombre de res / vivirá con vosotros tatuado en mi brazo». Luego de este habrá más números y el horror, instalado en los campos de concentración, irá creciendo día a día; ni siquiera Dios es capaz de detener esta locura: «¿Dónde miraba Dios cuando los niños / entraban divertidos en las cámaras?». El poemario de Tomás Hernández se estructura en cuatro partes: “174517”, “Abraham”, “Sara” y “Oratorio”, y en todas y cada una de ellas se describe el dolor humano. Así nada escapa a la mirada del poeta. Abraham: «Fui profesor en Dresde y hablaba a mis alumnos / del Siglo de las Luces, de Voltaire, de su Tratado / sobre la tolerancia. […] Conozco a mucha gente en la ciudad / y a todos en el pueblo donde tengo mi casa. / Son pocos los que ahora me saludan, / han prohibido venir a visitarme, / la estrella de seis puntas amarilla / advierte del contacto del judío», representa a todos los hombres judíos, y Sara: «Entraron en el Gertner, en Varsovia. / Buscaban las mujeres en la calle, / polacas o judías. De rodillas, / arrastradas al centro de la sala, / allí sin desnudarse entre las mesas, / sin mirarlas siquiera con deseo, / fregaron las baldosas con sus ropas / más íntimas. De nuevo las vistieron / y humilladas volvieron a sus casas / con los ojos clavados en el suelo» a todas las mujeres. La contención en el verso de Hernández Molina determina el oficio del buen poeta que es, que toma de la tradición lo mejor y de la realidad y la experiencia propias los recursos necesarios para construir un discurso poético riguroso, coherente y sensorial. Es incomprensible que este libro no haya tenido un recorrido más largo, que haya sido silenciado durante tanto tiempo aún después de que obtuviera en su día el X Premio Internacional de Poesía Ciudad de Pamplona. Por esta y otras razones era de justicia traer a este escaparate y a este “Salón de Lectura” un libro de tan grande hechura. Finalmente, en “Oratorio”, los versos, breves y espaciados a manera de pausa, como golpes secos van creando la atmósfera idónea del horror vivido a causa del holocausto nazi y que viene a confirmar el pulso de un poeta grande e indiscutible, capaz conmover al lector: «las osas en embudo cubiertas por la hierba en primavera / ondulaban la tierra elevaciones breves / los gases de los cuerpos al pudrirse». Con independencia del tema elegido por Hernández Molina, “174517” es un libro que sin llegar al dramatismo refleja la necesidad del poeta en transmitir todo lo vivido y sentido después de haberse metamorfoseado en número. Un libro, “174517 [El corazón del pájaro]” y un poeta, Tomás Hernández Molina que restituye el verdadero valor de la poesía, su esencialidad, con un lenguaje vivaz y certero. Un libro, en definitiva, de ineludible lectura.
Título: 174517 [El corazón del pájaro]
Autor: Tomás Hernández Molina
Editorial: Cénlit (Navarra, 2016)

Esta otra fuerza.

 Emilio Barón Palma 

ESTA OTRA FUERZA
 
Aún sigue la partida. Más sin Reina.
Hace tiempo que juegas sin su ayuda.
La magia de los veinte lejos queda,
Aunque mantenga el Rey la compostura.
Y las bengalas de la inteligencia,
Repentinos alfiles, no deslumbran
Pasado el tiempo de la edad perfecta.
No valen con la joven que te gusta.
Te guste o no, entraste en los cuarenta.
Sin Reina y con caballos deslucidos,
Perdiendo uno tras otro tus peones.
Es hora de emplear esa otra fuerza
Que la edad – generosa- te ha traído.
Aún sigue la partida. Juegan torres.




EMILIO BARÓN PALMA



EMILIO BARÓN
LOS DÍAS (1978-1999 POESÍA).
DEPÓSITO LEGAL. AL-319-99
ISBN: 84-8240-230-7
PUBLICADO POR 

LA UNIVERSIDAD DE ALMERÍA.

TÍTULO POR LLEGAR.

AUTOR: ÁNGEL MOLINA PAREDES



Quién sabe

si el desaliento está cerca
sombra que acecha
agazapado
en la penumbra del tiempo

Una vez más
te hiciste piedra
pájaro
que despierta vivo
en tus manos
a quien nadie espera

Tengo la sed
del olvidado
y sin embargo
estás ahí
nunca antes

SATURNINO VALLADARES Y JOSÉ ÁNGEL VALENTE.

RETRATO DE GRUPO CON FIGURA AUSENTE

Retrato de grupo con figura ausente: Edición y análisis de la correspondencia entre José Ángel Valente y los poetas españoles de su edad.

José Ángel Valente fue incluido en el denominado Grupo poético de los años 50. Los poetas de este Grupo mantuvieron un diálogo epistolar que da cuenta de su complicidad personal y literaria. Esta correspondencia se desarrolló desde la década de los cincuenta hasta la muerte del gallego, en el año 2000, en espacios bien diferenciados Madrid, Oxford, Ginebra, Almería, etc, en consonancia con el periplo vital del autor, y presenta un gran interés para el estudio de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX.

La correspondencia entre José Ángel Valente y los otros poetas nos acerca, más allá de del conocimiento erudito o documental, a la dimensión humana de escritores integrales que, en sus inicios, compartían una visión similar de lo poético, tal y como Valente, tan hostil a las antologías y a los postulados generacionales, comenta en Entrevista Vital: de Ourense a Oxford. Cuando Rodríguez Fer le pregunta qué representó la incompleta serie Once poetas, dedicada a jóvenes poetas españoles, que él escribió y publicó Índice, él responde: Certamente é o momento en que eu podo crer que hai unha cohesión xeracional, pero, en efecto, esa cohesión xeracional existía nese momento, que era o momento de partida e que despois se converte no que teño chamado a carreira do corredor de fondo, onde ti corres so.

JOSÉ ÁNGEL VALENTE




En definitiva, mi propósito en esta tesis doctoral es recuperar las cartas que Valente envió, enfrentarla con las que recibió además de consultar los poemarios, entrevistas, memorias publicadas y otras fuentes bibliográficas, y establecer críticamente, desde la opinión personal de los autores, si el Grupo poético de los años 50 se constituyó por una serie de características poéticas comunes que los diferenciaban de los poetas anteriores, como defiende la crítica tradicional, o si, por el contrario, fue únicamente un producto de márquetin y la forma de la que se sirvieron algunos autores para darse a conocer, tal y como Valente opinaba.

               Retrato de grupo con figura ausente: 

Edición y análisis de la correspondencia entre 

José Ángel Valente y los poetas españoles de su edad.

  • Libro de Saturnino José Valladares López
  • Diputación Provincial de Ourense
  •  ed. (15/02/2017)
  • 397 páginas; 21×15 cm
  • Este libro está en Español
  • ISBN: 978-84-16643-03-5
  • Encuadernación: Rústica



San Valentín.

Cerró la puerta, dejó la cartera y las llaves en la mesita del recibidor y pasó a la cocina. Como cada día, el sol entraba a esa hora dando luz y calor. Le habían dejado una caja azul enorme, con agujeros estratégicos, encima de la mesa. En un lateral una nota: 

Ricardo, me ha dicho el repartidor de Seur que perdones la urgencia, que saben que San Valentín es dentro de tres días, pero que están saturados de trabajo; que lo entenderías. Como te conocen desde hace años, se han permitido traerte el regalo que le han encargado antes de lo acordado. Que les perdones la osadía. Un saludo. Manuela.
Abrió la caja con cuidado y quedó sorprendido de la belleza de la planta. La observó un rato y se fue a ver la televisión. Si algo le gustaba, o tal vez, lo que más le gustaba, era ver el telediario mientras almorzaba. Zapeó un momento, cansado de las mismas noticias de siempre que no cambiaban para nada la situación ya de por sí caótica, y se encontró con que la CNN hablaba de un desplazamiento glacial que, al parecer, se iba acercando mucho más deprisa de lo que los analistas habían predicho. Londres corría un serio peligro. Pusieron una fotografía retocada con photoshop de lo que sería la isla en menos de dos años. Cerró la televisión y se acostó a echar la siesta.


Manuela, como era su costumbre, llegó el viernes por la mañana, abrió la puerta y pasó directamente a cambiarse. En la mesa de la cocina la planta seguía bella, fragante. Desconocía su procedencia ni cómo se llamaba. Pasó a la habitación dormitorio y gritó: ¡Ricardo! ¿a qué hora te acostaste anoche? ¿Te vistes y nos vamos a comer? Le zarandeó el hombro y se conmovió viendo lo pálido que estaba. Vaya nochecita. Corrió la cortina, subió la persiana y se volvió a mirarlo. En ese momento un ciempiés caminaba por encima de la almohada. ¡Ricardo¡

OSKAR.

Un fallo lo tiene cualquiera

Este año la Navidad se estaba retrasando más de lo normal. Para empezar, en mi colegio, todavía no habíamos comenzado a preparar la representación anual, y los componentes del coro aun no habían ensayado ni un solo villancico. Estos acontecimientos, sin duda notorios, no hubieran llamado mi atención, de no ser porque en televisión, los anuncios de juguetes permanecían estancados, agazapados, y dejaban su espacio a los habituales reclamos sobre teléfonos móviles, coches y productos que no se sabía que eran y para que servían.
Ese hecho, unido a mi natural curiosidad, me hizo adentrarme un poco más en el problema. ¿Qué estaba pasando con la Navidad?
Distinguimos las fechas navideñas del resto del año por una serie de cambios en nuestro entorno: el mobiliario urbano se engalana en bombillas y guirnaldas, los centros comerciales inundan sus pasillos de productos perecederos, alcohólicos y lúdicos incrementados un diez por ciento sobre su precio habitual. Incluso los sentimientos y los buenos deseos se acentúan en el ambiente, entre la gente crece la caridad y el cariño hacia el prójimo y al necesitado. Son evidentes identificadores sociales de la llegada de la festividad.
Pero todas estas señales, por más que miraba y preguntaba, no las encontraba, y comenzaba a pensar que, a lo mejor, ya se había terminado la época en que las personas celebraban la Navidad. Que quizá se había decidido, por unanimidad mundial estadounidense, que la Navidad en sí misma era un gasto superfluo y una perdida de tiempo. Que en estos tiempos de crisis es conveniente no distraerse en asuntos espirituales e improductivos.
Estos oscuros pensamientos, unidos a mi capacidad analítica, me estaban sumiendo en una ligera disminución de ánimo. Mi madre me preguntaba por las mañanas que me sucedía a lo que yo me limitaba a mover la cabeza de un lado a otro en actitud negativa.
Decidí hacer frente al problema, tras comprobar que esa pseudodepresión no me iba a conducir a ninguna solución, y me dirigí al único sitio que podía auxiliarme en estos momentos de confusión y desorden que me asolaban.
Eran las nueve de la mañana cuando entre en la parroquia del barrio. Don Antonio, el cura, se encontraba en esos instantes dando brillo con limpiacristales a una figurita del niño Jesús.
– Buenos días, don Antonio. Quisiera hacerle una pregunta delicada que no parece tener respuesta lógica.
Don Antonio me miró inquisitivo tras sus pequeñas gafas de Lennon y me invitó a pasar a su despacho.
– ¿De qué se trata, muchacho? ¿Acaso no has entendido el misterio de la Santísima Trinidad, o te parece incomprensible el milagro de la multiplicación de los panecillos?.
– No se trata de nada de eso, Don Antonio, es algo mucho más grave. Se trata de la Navidad.
El párroco se ajustó el alzacuellos y mirándome extrañado, repitió mis últimas palabras:
– ¿La Navidad?
– Si, la Navidad, ¿acaso solo yo me he dado cuenta que este año la Navidad todavía no ha aparecido, que las gentes viven sin los valores humanitarios que acompañan esas fechas y que, si no lo remediamos, este año los niños perderán la ilusión para siempre?
Don Antonio, miró su reloj, luego abrió un periódico deportivo que tenía sobre la mesa, y sin levantar la mirada, respondió en tono grave y un pelín enfadado:
– Muchacho, ¿te has dado cuenta del día que es hoy?
– Hoy es veinticinco de agosto, señor.
El párroco, con toda la paciencia que pudo acumular, que no fue mucha, me explicó mediante un calendario, que la Navidad, contrariamente a lo que los niños desean, nunca llega en agosto, sino en diciembre, aunque a veces, por culpa de la mercadotecnia se adelante a noviembre.
En fin, como dice mi madre siempre que le echa azúcar en vez de sal a la comida, “un fallo lo tiene cualquiera”. ¿O no?


Oscar José García López.


Un fallo lo tiene cualquiera. Oskar José García López

     

Mujer incansable

MUJER INCANSABLE

Toda mujer tiene que descansar
Todo el día no para de trabajar
El agobio de las faenas diarias
Tiene en su cabeza molestias
Cada día se levanta aturdida
Hace su cama y la de los niños
Luego prepara la comida
Y luego friega los suelos
Más tarde descansa en el sofá
Y con el rayo del solecito
Se queda toda relajá
Tumbada se queda agustito
Al terminar la jornada
Hace una cena con hermosura
Y quedándose relajada
Se va a dormir a la luz de la luna




José Luis Granados López, 
(Secretario Acifa), 

nos comparte estas canciones de su libro
 EL CAMINO

LOS HIJOS DE LA CHANCA.

LOS HIJOS DE LA CHANCA: “EL NEGRILLO”

La chanca es un suburbio almeriense encaramado en pictórico desorden en suaves cerros milenarios que van a dormir al mar, mecidos por sus olas, besados por el sol. De lejos, parece un paisaje encantado, recortado de un cuento de hadas. Cientos de caras inmóviles, de bocas y ojos rectangulares, se contemplan silenciosas en el espejo de las tranquilas aguas azules del pueblo pesquero.
De cerca; ¡Qué distinta es de cerca!: chiquillos semidesnudos corretean por doquier; tocadiscos a todo volumen, entonando “quejíos” flamencos, ponen música de miseria a la algarabía de gritos de comadres sentadas en las puertas, al murmullo de compadres bebiendo en las tascas, a calles salteadas de latas y basuras.
Aquí , vive “El Negrillo”; apodado así por el intenso moreno de su piel curtida por el sol y la suciedad. Su cama es cualquier recoveco de una vieja callejuela; su techo, el limpio cielo estrellado; su único pariente, un huesudo perro abandonado de ojos ulcerados.
Día de Nochebuena. Las luces del alumbrado público disiparon la semi penumbra del atardecer. “El Negrillo” deambulaba por las solitarias calles de la ciudad, rebuscando entre basuras un mendrugo de pan para saciar el hambre. Su pequeño cuerpo era taladrado por el húmedo frío que penetraba implacable por los agujeros del harapiento ropaje. Al llegar a una esquina, sonidos de pasos le hicieron volver la cabeza; era un hombre con una gran cesta de “Navidad”. Viendo la posibilidad de comer algo, corrió hacia él y, agudizando, aún más, su expresión lastimera, exclamó:
-¡Payico, dame algo!
Este pasó sin dignarse a mirarlo, acelerando el paso como si le persiguieran.
El niño, utilizando el lenguaje propio de su barrio, añadió con odio incontenido:
-¡No reventára de una panzá de comé!
El otro, haciendo caso omiso, continuó alejándose.
Al poco rato, un borracho se acercaba canturrenado con una botella de ginebra en las manos:
-Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad,
saca María la bota
que nos vamos a emborrachar.
“El Negrillo” llegó junto al mismo y volvió a decir:
-¡Payico, dame algo!
-¿Cómo no quieras un trabo?… ¡No, un trago no, eres muy pequeño!
-¡Tengo frío!
-¡Pues caliéntate corriendo!
-Oye, no séa agarrao y dame pa un bocadillo.
-Si te doy para un bocadillo, ¿conqué compro otra botella?
-¡Con la jumera que lléva, no te cabe má!
-¡Que te crees tú eso!
-¡Po lo méno, èchate un cigarro!
-¡Déjame en paz y lárgate!
“El Negrillo” salió corriendo y, a prudente distancia, comenzó a gritar:
-¡Coliiiirio!….¡Vinaaaagre!…¡Folloneeeeras!….;…
El borracho, olvidándose de él, continuó dando tumbos y entonando machaconamente:
-Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad,
saca María la bota
que nos vamos a emborrachar.
….
Cansado y hambriento, acercóse a una puerta, desde la que llegaban a sus oídos canciones y risas, pensando que obtendría el sobrante de la comida. Poniéndose de puntillas, pulsó el timbre. Un sonoro “Tinc-tanc” mezclóse con el jolgorio interior. Ruido de cerraduras y, al momento, la puerta quedó entreabierta hasta donde permitía la cadena de seguridad. A través del hueco, una voz preguntó con sequedad:
-¡Qué quieres?
-¡sólo un cacho de pan!
-¡Vuelve mañana; hoy, ya no queda nada!
La puerta se cerró bruscamente y la fiesta continuó.
“El Negrillo”, caminando lentamente, fue perdiéndose en la noche, seguido del único inseparable que le había donado la vida: “el perro”.
Los abuelos de la Chanca murieron de hambre.
Los padres de la Chanca murieron de hambre.
Los hijos de la  Chanca siguen muriéndose de hambre.
Y el cante popular repite eternamente esta canción:
Gitanito, gitanito;
gitanito, ¡ay hermano!;
gitanito, gitanito, 
los payicos t’an matao;
y tus cinco churumbeles, 
y tus cincos churumbeles
en la calle s’an quedao.

Los hijos de la Chanca. “El negrillo”.  por José Luis Molina García 

Este cuento es una llamada al corazón dormido de los hombres, que ven una mano extendida, la miran, pero olvidan al no extender la suya que también podrían haber nacido “Negrillo”
 
  I Premio del concurso de cuentos “Gabriel Espinar Huercal Overa. 1981- Almería.
recogido del libro de su autor:
 
JOSÉ LUIS MOLINA GARCIA

ISBN-83.300.8844-X
Depósito legal AL-22.1.983
portada de Fernando Barrionuevo.

 

AGUA EN POLVO


ELIAS ANDRINO O LOS INVENTOS MAS HUMANOS por Juan J. Cienfuegos.


VVA. de los Castillejos.  Homenaje a Matías, ni castillejero ni portugués sino todo lo contrario: del mundo.


Cuando conocí a Elías Andrino, su razón ya había imaginado ciertas locuras. Era una de esas personas que apabullan aun más de lo que su presencia física, ingente, les concede, y eso que estaba algo metido en carnes. Sin embargo, iba diciendo, su peso era, sobre todo, especifico. La sombra del águila majestuosa cayendo enorme y lentamente podría ser una manera de figurarlo cuando se acercaba caminando, indefectiblemente, hacia la esquina del bar de Marco, habitual sede de su oráculo. Sin embargo, los adictos a aquel juego no le temían, y eso que dicen que esta clase de seres viven más por el miedo que en secreto se les profesa que por el respeto que en público se les reconoce, quizás precisamente para ocultar aquel temor.

Paseaba las calles colindantes de la Plaza, estrechos empedrados de geométrica simplicidad, en las soleadas mañanas primaverales. El humo de sus ininterrumpidos cigarrillos no lograba sobreponerse al natural aroma de esa época y lugar, porque están tan cerca las jaras que casi se dejan ver por estos días de primavera, allá, al final de la calle Monte, camino que desde antiguo lleva a la cercana Portugal. Con alguna dificultad se distinguen, brumosas por el incipiente calor, las encinas que asedian casi al pueblo y cuya fragancia áspera se mezcla con la más fresca del tomillo, la mejorana, o el aroma del poleo, pero todos respetando aquel lujo del campo pobre del Andévalo, su auténtica reina, la jara en flor.-

Aquél hombretón portugués era un paseante de la fantasía. Cuando yo supe que lo había conocido, es decir, cuando lo vi por primera vez con la memoria que ahora me lo recuerda, estaba en mitad de la calle, parado con toda su humanidad en el trance de componer unos misteriosos signos con sus manos, la mirada vagabundeando por un cielo de fantasmas, familiares sólo para él. Este rito era de ausencia. A ver si no. Mientras Elías aparecía por lo común muy hablador, a aquellas horas del final de la mañana, en cambio, se retiraba a su interior y a su cielo, sin que le importaran nada el auténtico y su meteorología de calores o de lluvias. Nadie sabía el significado de aquella cifra, clave extraña que dibujaba Andrino de vez en cuando con

sus manos, como si hablara con alguien de arriba. Dios no, por supuesto, sino con seres elevados tan sólo unos metros por encima de las cabezas. ¿Espectros infernales?. ¿La pajarería común?. ¿A quién le hablaba Elías?. La respuesta sólo la supe muchos años mas tarde y me la ofreció el azar.-


Sucedió que una de esas veces en que se mira sin ver. Estaban dando en la televisión la noticia diaria de la Bolsa de Valores. Al contemplar a los agentes corriendo de aquí para allá, vociferando y gesticulando en medio de tamaña turbamulta de gritos, súbitamente, a la manera de una visión o de un sueño, se me apareció la imponente figura del portugués, parado, estático, ensimismado y componiendo exactamente los mismos gestos de esos modernos agentes de Bolsa que yo estaba ahora viendo en mi televisor. Este secreto nunca se lo dije a nadie. Demasiados locos hemos tenido en el pueblo como para que, contra mi interés, vengan a añadir otro a la lista. Pero ya desde ese día, continuamente, he ido recordando y restaurando en mi magín la personalidad y el mundo de Elías.

Su voz era ronca, atronadora y retumbante. Sentado en el banco de la Plaza los habituales de Elías lo escuchábamos con devoción cuando, en un portugués de frontera lleno de dulces “misturas”, nos iba desvelando sus inventos. Misterios que a nadie debíanse repetir, decía, por mor de que en su ignorancia alguno no fuera a recelar de él; que ya sabíamos de la afición popular a poner motes, o a perseguir. Tocado de un leve sombrerillo, siempre de chaqueta, con chalequillo aun en verano, moreno hasta la negritud, ahuecando la voz, con su eterno Bisonte cuando no tenía tabaco portugués, nos iba regalando su mundo pletórico de fantasías y maravillas. Unas veces eran los viajes, asunto este que salía mucho en nuestras conversaciones porque él era muy viajado, y ahora sin ir mas lejos, nos decía, acababa de llegar de Faro, (o de Mértola, o de Lisboa, o de …).

Pero más me acuerdo de aquella intermitente lucidez suya que le  permitía el extraordinario lujo de acordarse de todo, portugués Funes borgiano. Esta paradójica simultaneidad de la memoria y la enajenación fue una sorpresa más de su esquiva personalidad, de tal manera que, de que supo que yo estudiaba Letras, no pasaron vacaciones sin que me preguntara si conocía yo algo de turco o tuviera algún diccionario, que él tenía interés en esa lengua, algún libro que otro para escribir con en ella y quería refrescar el conocimiento que antes tuviera.

Su cultura era, como muchas veces se dijo de muchos y pocas con fundamento, más que mediana. Además de los viajes y el mundo, se conoce que algunos libros leyó, los que en la casa de la Alameda mantuvo guardados, incluso después de irse para siempre Elías, su fiel Elvira, el ama de llaves que le sacrificó su mocedad y los primores de su mesa. Estoy seguro de haberle oído a Elías alguna vez que cursó estudios elementales en Huelva, en el antiguo colegio de la avenida de la Rábida, San Casiano por más señas, donde aseguraba haber escuchado recitar sus poesías al mismísimo Juan Ramón, cuando era un muchacho, pero ya entonces raro, añadía socarronamente.

Hay luego una laguna de muchos años hasta los días aquellos de primavera en que nos parábamos a escucharle. Por detalles que no hace referir ahora, es seguro que vivió en Portugal todo ese tiempo, los años decisivos de su vida y de su historia. Allí el encanto del fado lo transmutó en el melancólico y ensoñado Elías que conocí y que me instruyó en el sagrado ministerio de sus inventos.

Uno de los preferidos suyos era el del cruce de especies animales. A veces el insólito matrimonio era el objetivo de una gran empresa que iba a crear enseguida. Ese era el caso del “patoperdiz”, una rara avis que iba a dar de comer gratis a medio mundo. El sabor de la carne sería exquisito, nos contaba a la hora del almuerzo, de tal manera que nadie que lo probara distinguiría a la perdiz del pato, sino a los dos fundidos en algo nuevo y maravilloso. A las preguntas del escaso auditorio sobre cómo pensaba conseguir el ayuntamiento de las dos aves, nunca contestaba, una mirada con su punto de desdén y una sonrisa desde la altura eran la respuesta invariable.

Otras veces parecía que su empeño era casar a enemigos irreconciliables. Por esta causa nació el “gatopájaro” y de este nuevo parto, lo recuerdo bien, no hubo cuestión sobre su origen. Siempre le recriminábamos su parquedad para describir los inventos, siendo así que tan sólo supimos del patoperdiz su habilidad natatoria gracias a sus patas membranosas. Naturalmente, para el gatopájaro contaba con el antecedente del mítico Pegaso, así que, sin más, le puso alas.

Pero, sin duda, el mejor invento de Elías Andrino fue el agua en polvo. Este producto resultaba carísimo, por eso aún no lo vendía la correspondiente empresa, decía el buen Elías como para excusarse de no ponérnoslo ahora mismo allí delante. Debió de darle mucho trabajo y cavilación, a juzgar por los efectos que obtenía. Todo nació de una conversación de viajes que en cierta ocasión giró por las entonces colonias portuguesas, concretamente Angola. El cuadro que nos pintaba era de negros en los angoleños cafetales, sofocados por un calor abrasador que se multiplicaba por la escasez de agua, epidemia eterna que padecen estos morenos, decía. Discurrió entonces Elías un proceso que desembocaba en la creación de su obra maestra.

Consistía la cosa en un concentrado de agua de extraordinaria densidad la cual en sucesivas fases iba  aumentando en sentido inversamente proporcional a su tamaño, hasta llegar a una bola (apenas como un puño, nos decía) de agua en polvo. Este era, por fin, el remedio que iba a terminar con la sed y el hambre del mundo, el agua en polvo, que Andrino vendía, para colmo, diciendo que nada era más fácil de hacer. Poca materia prima : agua líquida, y una prensa enorme para comprimirla hasta el infinito. Luego, la aviación se encargaría de lanzarla desde el cielo, y con la velocidad y el porrazo de la caída, aquel puñetazo de agua se convertía en un inmenso lago de agua fresca y transparente.

Este anuncio del agua se cumplió al menos con él, porque la negrura de su piel se refrescó para siempre en el paraíso del Guadiana, donde a bordo de esos barcos que hacen la travesía entre las dos orillas, las que un día fueron del tío Hugo y que plantó del oloroso algarrobo, se fue para siempre el portugués a la Sierra de la Luna para instruir al dios Endovelo en sus inventos.
2.- El agua en polvo, Juan J. Cienfuegos (8)

Ángel Simón Collado,

¡Esta luz ausente, sumida en el tumulto!
¡Esta sombra muda hablando sin descanso! ¡Esta quietud!
¡Sí, esta quietud incesante deambulando los espacios angostos de mi dormitorio sin límites!
Y este olor nocturno a no sé qué espantos, como un sumidero algo lejano,
como una sentina cegada -¡oh, mi sombra de luz!- a la cabecera de la cama.
Y al hablar, entonces: un texto borroso hay, y una página en blanco,
y un silencio tumultuoso, y un amontonamiento sin nombres, y una convulsión inútil,
y un remolino, de ansias derrocadas y de lujurias marchitas.
Sobre mis días, sobre mis horas, una calima innumerable,
un polvo monótono y tenaz de muebles antiguos,
y también, quizás, un aire enmohecido de salones muertos,
de alcobas ya desalojadas por los hombres hace ya tiempo,
me acompaña, y la tierra áspera que estrujo entre mis manos,
¡oh, tiempo!
en mañanas que no quiero despertarme,
en tardes de relojes monótonos y campanas inútiles,
en noches abrumadas ¡ay! sin peso, número y medida,
como una espera solitaria en el centro de la celda,
un presidio, un desierto, abandonado,
cuando ya no hago preguntas
y no espero respuestas.

Pero, de pronto, en verdad: un impulso mortal, un viento impetuoso
me arrebata, y una brisa cierta y un aire celeste y un vuelo de águila;
un derrumbe hay y un olvido sin nombre y una entrega confusa

Rufo. Pablo Claro

“RUFO”

Hola, mi nombre es Rufo, y soy un perro de la calle. No sé cuantos años tengo porque no sé como preguntar mi edad, pero no importa, lo importante es que estoy vivo. Mucha gente se apiada de mí y me hecha un trozo de pan, lo que sobra de algún bocadillo o lo que sea. Otros pasan tan rápido que no sé si se darán cuenta que existo, o no quieren verme. Eso sí, todos pasan muy cerca.

Yo soy un perro que no necesita una casa, ni un coche, ni mucho dinero. Sólo necesito amor. ¡Ahí viene una señora con una bolsa en su mano derecha, voy a mover el rabo para ver si me da una caricia!.. Pasó de largo. Ahora se acerca un joven comiendo algo. Me acaba de tirar no sé que cosa. Lo miré como diciendo… “yo no quería eso”, pero ni se detuvo. ¿Cómo hace un perro para pedir amor?. 

Vengo de una familia numerosa. Mi mamá nos tuvo en una casa muy bonita y lo único que recuerdo de esa casa es que éramos como diez hermanos, hasta que nos separaron a todos. Una vez vi a uno de mis hermanos que lo llevaban a una plaza para hacer pis, pero él no quiso mirarme de la vergüenza; después me enteré que murió atropellado por un coche al querer ser libre. Ahí comprendí que la libertad a veces te cuesta la vida. Otro de mis hermanos es un perro policía. La rabia y la furia se le notan en sus dientes, sus pezuñas, su cuerpo, pero en sus ojos la tristeza de no haber sido querido o tratado con amor. De los demás sé poco y nada. 


Ahí viene otra persona, voy a levantar una pata para que sonría, ¡Ay!. ¡Casi me pisa!. La gente no se da cuenta cuando alguien necesita cariño, pero los perdono porque ellos tampoco se darán cuenta que también necesitan cariño. Se acercan dos hombres, me voy a hacer el muertito para alegrarles la mañana. ¡Me agarran y me llevan, que bueno!. ¡Al fin voy a encontrar un hogar donde reciba mimos, no importa de quien, me conformo con recibirlos!. Ahora estoy en un camión con otros perros. Observo miedo en sus miradas. Yo les explicaba que se acabó eso de andar por la calle, ahora vamos a compartir todos juntos un lugar donde podamos ser libres, como quiso serlo mi hermano. 


Llegamos y nos meten a todos en lugar cerrado. Seguro que nos van duchar porque algunos llevamos mal olor, ¡como odio las duchas!, pero todo sea por estar bien. Acaban de cerrar la puerta y está oscuro. Es la primera vez que tengo miedo. Que tonto, miedo al agua ¡ja!. No veo la hora que abran esa puerta para comenzar a correr libremente por algún parque, porque seguro debe haber alguno por aquí. 


Que olor tan raro estoy sintiendo, me está entrando un poco de sueño. ¡Que bueno, ya no voy a volver a dormir en la calle, ahora sí estoy protegido!. ¡Soy un perro con suerte y tengo que agradecerle a la vida!. Cada vez tengo más sueño, no aguanto más, voy a dormir. Jamás tuve esta paz, esta tranquilidad. En cuanto despierte todo va a ser diferente, todo va a cambiar en mi vida, para bien o para mal. Seguro que para mal no va a ser, pero no importa, lo importante… es que… estoy vivo.

Pablo Claro. (13/05/2013)

PABLO NERUDA. ARTE POÉTICA.

ARTE POÉTICA

Entre sombra y espacio, entre guarniciones y doncellas,
dotado de corazón singular y sueños funestos,
precipitadamente pálido, marchito en la frente
y con luto de viudo furioso por cada día de vida,
ay, para cada agua invisible que bebo soñolientamente
y de todo sonido que acojo temblando,
tengo la misma sed ausente y  la misma fiebre fría
un oído que nace, una angustia indirecta,
como si llegaran ladrones o fantasmas,
y en una cáscara de extensión fija y profunda,
como un camarero humillado, como una campana un poco
           ronca,
como un espejo viejo, como un olor de casa sola
en la que los huéspedes entran de noche perdidamente ebrios,
y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia de flores
—posiblemente de otro modo aún menos melancólico—,
pero, la verdad, de pronto, el viento que azota mi pecho,
las noches de substancia infinita caídas en mi dormitorio,
el ruido de un día que arde con sacrificio
me piden lo profético que hay en mí, con melancolía
y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos
hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.

ALMERÍA por ALDOUS HUXLEY

© DIARIOVOZ. REVISTA DE LITERATURA
ALMERÍA POR ALDOUS HUXLEY

Los vientos aquí no tienen insignias en movimiento, pero recorren
una vacía oscuridad, una destemplada luz;
ramas que no se doblan, nunca una flor torturada
se estremece, raíces agotadas, a punto de volar;
alado futuro, marchito pasado, ni semillas ni hojas
dan fe de esos veloces pies invisibles: corren
libres por una tierra desnuda, cuyo pecho recibe
todo el fiero ardor de un sol desnudo.
Tú tienes la Luz por amante. ¡Tierra afortunada!
Que concibe el fruto de su divino deseo.
Mas el seco polvo es todo lo que ella da a luz,
esa hija de arcilla creada por el perpetuo fuego celestial.
Por lo tanto venid, suave lluvia y delicadas nubes, y calmad
este amor radiante que tiene la fuerza del odio.

ALMERÍA, POR ALDOUS HUXLEY



Aldous Huxley, poesía completa (edición bilingüe), edición, traducción y notas de  Jesús Isaías Gómez López, Editorial Universidad  de Almería. 2008.

ISBN: 978-84-8240-897-2 IMPRIME: ESCOBAR IMPRESORES S.L. EL EJIDO- ALMERÍA



Winds have no moving emblems here, bud scour
A vacant darkness, un untempered ligth;
No branches bend, never a tortured flower
Shudders, root-weary, on the verge of fligth;
Winged future, withered past, no seeds nor leaves
Attest those swift invisible feet: they run
Free through a naked land, whose breast recived
All the fierce ardour of a naked sun.
You have the Ligth for lover. Fortunate Earth!
Conceive the fruit of his divine desire.
But the dry dust is all she brings to birth,
That child of clay by even celestial fire.
Then come, soft rain and tender clouds, abate
This shining love that has the force of hate.

________________________________________________________

Otra manera de traducir el texto a cargo de 
GUILLERMO CUADRA. 

Poemas de Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora 1978)

MARISA MARTÍNEZ PÉRSICO

Marisa Martínez Pérsico (Lomas de Zamora, 1978) es Doctora en Filología Hispánica. En 2010 se radicó en Italia; desde entonces ha enseñado Lengua y Literaturas Hispánicas en diversas universidades italianas. Con 17 años recibió el Primer Premio Especial en un certamen de ensayo sobre José Martí, organizado por la UNESCO, que implicó una estancia en Cuba. Con 18 años escribió su primer poemario, Las voces de las hojas, que recibió el Primer Premio en el Certamen “Río de la Plata II” (1996) auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación y publicado por Ediciones Baobab (1998). Los dos siguientes, Poética ambulante (2003) y Los pliegos obtusos (2004) fueron editados por el Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Poética ambulante obtuvo el Tercer Premio del concurso “Poeta Revelación” (2008) organizado por Plebella. Revista de Poesía Actual. La única puerta era la tuya resultó finalista del II Premio Pilar Fernández Labrador, al que se presentaron 371 manuscritos. Codirige la revista Cuadernos del Hipogrifo y desde el año 2013 colabora con La Nación. Ha publicado cinco monografías y más de sesenta artículos científicos sobre lengua española, literatura española e hispanoamericana en Argentina, Italia, España, Portugal, Francia, Brasil, Hungría, Estados Unidos, Serbia, Colombia, México, Cuba, Chile, Alemania, Venezuela y Rumania, entre los que se cuentan colaboraciones en revistas como Casa de las Américas e Hispamérica


Único encuentro
Ne te verraijpluque dans l’éternité?
I
Baja
de tu boca mi pech
hasta posar la trompa 
abeja
en la región convexa 
de ctar
que te atrajo.
Te escaparás, alada, cuando exhale 
la última ronda de suspiros
que se extingue
en la cifra de tres horas.
Por mis piernas abiertas como un plat
quiero ver tu mandíbula de toro
pastar meticulosa
en el vaivén sin prisas del verano.
Entra en el ancla, barco en la bahía 
último puerto que encalló en mi pampa
Puerto apenas fundado
puerto en ruinas.
Fui la puta de un pueblo
donde la única puerta era la tuya. 
Hice sonar la aldaba
vacilante
como quien se busca sí misma
la palabra secreta era mi sombra
De par en par tre las escalera
sin treguas de café
por tu palacio.
Hoy que esa casa no exist
no  mo nombrarte
estoy en un exilio sin paredes
vegeto en los rincones oblicuos del deseo 
haciendo agua en todas sus esquinas.
II
Baj
esta vez
por la espesura vehemente de tu abdome
recorro tus puntos cardinales
tus cinco dimensiones
suspendida en un escalofrío que no cesa 
con los ojos del cuerpo que te miran. 
Devasto
caracol
lo que transcurre debajo de mi lengua. 
Planto mojones de saliva
me detengo 
sigo
silb
tiembl
avanzo
por quenes, medusas, pergamino
con el hambre en los as de desierto.
Y mientras te acaricio con la palma de la boc
y te mastico con los dientes de las manos 
como un ala danzante de cigarra
me surcan las imágenes 
de un ave, de un bebé
de un alba fría de invierno en Costanera
la risa luminosa de la infancia
cuando el mundo estaba entero y era bueno
Por un azar que no busco comprender
tu vientre me devuelve a esa otra orill
en ti se acoplan todos mis pedazos
nada duele, por fin
y esta vez la verdad tiene tu nombre.
III
Nuestras manos tropiezan al borde de la cama 
se atornillan con ímpetu silvestre
imantadas de moculas y gotas. 
Así duramos
en un plácido goce sin palabras.
Damos vueltas por un carretel imaginario 
para ver el paisaje por todas sus costura
ribetes
canales 
ventanas 
tragaluces.
La única piel que desconozco
es la que abriga tus cuevas más profundas 
esa espina que late
no  por qué perfume.
De tus derrotas sospecho las cenizas.
IV
De nuevo frente frente
como recién nacidos
que aprenden a mirar
en la mirada cida del otro 
infringes la aduana de mi cuerpo 
con el bito mpido del air
eludes el confín
sin pausas de gendarmes ni requisas
corzas blancas que expulsan las colinas
y este doble retozar para eximirno
de una deuda arcaica
estás conmigo en mí estoy contigo en ti no existe 
otra certeza más pura que este instante
Lo que dura es la arena
el sótano de savia de las hojas
Con un reloj te irás como llegaste 
a esta batalla de fábulas perdidas.
En la última estación
me embiste el autobús de los adioses.
Los líquidos se empiezan a enjugar. Las horas 
acaban de cumplirse. Empiezo
a recoger mis pétalos cdos por el cuart
una hebilla
un zapato
el recato partido en seis mitades
la vista, eolfato sus contornos.
El rito de la higiene en un salón contiguo.
Dulce y violenta intersección
Único encuentro
Te acompaño, no, no te preocupes
la puerta que se cierra.

Tan lejos de nosotras
Las manos de mi hermana 
ya tuvieron dos hijos
Todavía juegan con las mías
en fotos, 
porque están kilómetros de casa.
Sus manos nacieron jardinera
para ordenar
el blanco y el azul, el rojo y el celeste. 
Contará una jauría de cruces cada noch
una vida sonora y transparente.
Nuestro patio amanec cargado de retamas 
donde ayer le dibujé
una casa gris de tejas rojas en el margen 
de un río. Mis primeras letras
mis últimas palabras.
A veces, antes de dormir, en la penumbr
imagino que aún está, tendida
en la otra cama. Que de pronto
sonará el despertador y mientras ella lo apag
abraza mi conejo
sin apuro
niña ufraga
en la isla sin tiempo de la infancia.
Ahora se despierta kilómetros de acá 
quién sabe qué paisaje
vestirá su ojos negros, su sonrisa apacible.
Ella y yo
tan lejos de nosotras
que nos unen la ruta y un verano.

Donde haya todavía
Padre, a vos. A ti.
I
Las cosas regresan a su cauce
resucitan en manos intrusas de su origen 
se acomodan de a poco
en otros hábitos. Tu peine
tus monedas tendidas en un vaso de lat
se traducen dgozo en un café
mientras la tarde llueve a través de mi 
Publicado por Ediciones Baobab, Buenos Aires, 1998. 
Farewell dos
Adiós a la poesía burda aquella absurda
maravilla inescrutable
maremágnum sintagmático del siglo
metástasis de versos troquelados
La vanguardia del erizo y del carpincho
alegrémonos que no entendemos qué bárbaro
te quiero pero estoy bien light alone
qué oprobio ese vestido de la abuela.
Marketin’ del verso adiós
adiós.
XXXIII
dame
de besar el germen de tu sombra dame
de tocar el borde de tu sueño dame
de beber el cuerpo de tu copa dame
de buscar tu vientre entre tus huesos dame
la prudencia de esperarte un poco y dime
que vendrás aunque no te hayas ido.  
Se hace
Puedo refaccionar la casa para cuando vengas.
Relinchar en Yiddish como un profeta
para alcanzar la Tierra Prometida.
Comprar viscosa de seda
y confeccionar unas cortinas sugestivas
hasta eróticas si me propongo un buen corte
un buen cortejo.
Puedo escribir los versos más pusilánimes la noche
en que te diga que me basto
que me acuchillo como un as por tus proezas
que tengo un rey de oros. Yo, una reina.
Y una buena copa.
Y un mejor trepac.
Puedo improvisar las bastardillas más procaces
para el término
con la gramatología impecable de los literatos absurdos
no sólo kantianos, como advertía Tuñón.
Puedo investir un retazo de una isla preciosa
como esa bella carroza por travestido el zapallo
(sin arrastrar un zapato,
sin madrastra, sin madrina)
Y amenizar las cosas que retuercen el lazo.
Pero una casa
no se fabrica.
IX
Este amor desdibujado
que me aborda en esta calle
en esta esquina
se equivoca
como falsa Celestina
y entre lápiz y papel pide mi mano.
Perniciosa posesiona mi armonía
sin respeto al ser mortal
ni al ser humano
de endiablada condición, se desatina
si no acepto su ansiedad
y la desgrano.
Pronta
irrumpe en mi atención amable
esquiva marioneta desleal
dibuja el llanto
a mi semblante pertinaz
tras la sonrisa que resurge
sobreviene
o se hace canto.
Cuando etérea cuerpo y alma amarraría
es la más bella concepción de lo pagano.
Se está yendo… Va despacio…
Qué mujer ingobernable, la Poesía.
Al amor
Dime en qué rincón no estás que no lo encuentro
y qué silencio callas, que no puedo escucharlo.
Cómo atrapar al viento, fugaz ente fugitivo
si no puedo atraparte amor, constante esquivo.
Cuál es el color que no te pinta
la canción que no te canta
la pasión que no te invoca.
Qué infeliz destino se niega a conocerte
por la amarga desazón de la derrota.
Y qué mortal se atreve a perderse en tu delirio
sabiendo que es de fuego la huella de tus labios.
Detén esa latente ley que te gobierna
y déjame, amor, que te conozca.
Dignidad
De todos los oficios de la rosa
Elogio su homenaje de la muerte.
Empecinada por trepar la tierra, ávida
De gloria
Se endereza majestuosa contra el viento
Coronada por un séquito de plumas    
A esperar
La recompensa  
De que algún caminante
Aplauda su belleza
Y la destruya.
II
El mar es una línea quebrada por un barco
Varado entre las rocas de un faro
Sin bujías. El viento me refugia
Contra mis propias manos
Tanto frío en la piel que no las siento mías.
Apartados del mundo que moja nuestras playas
Este mar intruso de tus
Ojos. La mutua soledad
Desconocida. El viento helado.
Nombraré cada cosa
Entre la última tarde y esta tarde
Para que nada empiece
A separarnos.
Expedición doméstica.
Son las siete en Reichsgau
Y en otro punto equidistante
Del planeta.
(Cuando iba a la escuela me gustaba
abrazar el planisferio y calcular
la simetría de los
husos. Siempre supe
                        que Japón era el revés de Buenos Aires.)
A la tarde me arrojo a la humedad
De la bruma y acaricio
El crepúsculo violeta. Mi cuota de orfandad
Se debilita si recorro las calles
De Carintia.
       Ni siquiera me aleja un hemisferio  
       del espacio que tu cuerpo ocupa.
Pero anoche llovió y
Cómo extrañé tus pasteles de membrillo
El fragor de la cuchara contra
El plato, tu puñado de bucles.
Pinceladas reflejas de sentirte
En casa.
Acá se ve la auriga
Y en los bares se respira olor a Maxim´s.
Es molesto adecuarse a otra rutina.
Nunca acaba por ser del todo tuya y la nostalgia
Persiste.
El té de enebro
Tus cruces y estampitas
Enredar palabras por hablar de golpe
La manera de hacer
un dobladillo.
   Golpean
A la puerta. Me levanto a abrirte.
Dejo paso a tu inercia
Y apoyás dos bolsas
En el piso.
                ¿Qué te pasa?
Te miro como si te desconociera,
Como si un terremoto nos hubiera
Partido, y por la puerta entreabierta
Florecen las clemátides.
       Nada. Qué bueno que viniste.
IV
El aire se transforma en un ladrillo
Para que nuestros cuerpos aprendan
El oficio
De encontrarse
En una casa de puertas abiertas.
Tu cabello
Una camelia desplegada
Hacia la tierra tendida
De mi cuerpo
      Golpe y grito
Martillar la piedra
Antes de que otro muro imaginario
Cimiente nuestra casa
Sin puertas ni
paredes.
Noche
La tarde se hundirá en las ruinas de mis ojos
Y antes de volver te traerá a mí
Para que pintes
Mis paredes blancas
Tus pinceles rojos
Casa hipocresía
No me importa
Que rompas el peldaño que te vuelve
Que quieras
Que te escondan. 
Me interesa
No sepas dominar esta importancia
Ni con dos de tus manos
Ni con todas las flores
De tu nombre.
Poética ambulante
Volver
Siempre venir de alguna parte
Invocar el ritual
De la mudanza.
Cicatriz
Entre la muñeca y los nudillos
Una mácula rosa que acompaña la mano
Se desplaza
Sin saber que la miro mira el mundo
Impasible
Con sus ojos de coágulo.
Irreparable rosa,
Herida silenciosa.
XI
Le han robado la piel a los caballos
Para que la noche homicida se refugie
En tu pelo. Deambulan las estrellas
Bajo el cielo nublado
Golpeadas por un látigo oblicuo
Tu cabello
Es una catedral vacante de palomas
Vacío de color, prendido en el espacio
Ceguera que me empapa hasta volverme
Silencio
Refugio de la gloria
Que se acerca a mi mano.
Cuando el tiempo de blanco devuelva a las estrellas
Su morada de luto, su cárcel
Soberana
Y otros hombres hereden la savia
De tu pelo, yo me iré
Hacia la sombra, más allá de la nieve
A recobrar el dolor inmortal
De los caballos.
XII
Te rodeaba una cofia de marfiles
Como flores o túnicas
Inútiles
Yo quería despojarte de esas mantas
Verte bailar liviana y cadenciosa
Era ese traje incómodo
Te hacía lucir de porcelana.
Yo a tu lado
Estatua viva de mármol en la fuente
Dedicando su elogio de Narciso
A una réplica de labios
Indefensos.
                       
Allá hay un vaso que siente como yo
Una prolongación vidriada
De mi cuerpo.
Qué lástima verme en ese vaso
Compartiendo su ser
De recipiente.
Viaje en espiral 
Arrodillada bajo el lento proceder del clima inhóspito
Deslizo la mano susceptible
                                   Un mundo nace detrás de una cortina
El sol se pone al horizonte
El viento dobla cortaderas amarillas
                                   Tanto ir, volver, quedarse
                                   en una escuela, un patio, la playa, un desayuno
                                   por probar la verdad
de una semilla
Estoy amando tu contorno de cuerpo a mi costado
Estoy pensando en decir que te conozco
Estoy pensando para qué pensar si el viento sopla estéril
Que salgan las estrellas de una vez
Abandonadas a la luz
De sus hermanas.
El silencio de Dios me deja hablar.
Sin su mudez, yo no habría aprendido
a decir nada.
                                                                                                                                                     Roberto Juárroz
Suspensión
El tiempo-daga
El tiempo de la flor o del discurso
Florido,
               o de la roca.
Todo es tiempo es nada
Una leyenda profana en la Escritura
Que mantiene las ansias
En remojo
.
Con los ojos cerrados
Cualquier signo sirve para reposar
La vista
                  una corbata
                               un perro
.                              la bóveda de un templo en Bratislava.
De mi alma a los ojos las latitudes mueren
Para que vos usurpes la luz 
Del escenario.
Subo un puente de piedra que atraviesa
El Danubio. Con los ojos cerrados
Cada peldaño equivale a un lunar tuyo.
Repaso tu silueta y cruzo
Al otro lado.
                                                  (El sentido de la
                                                    ausencia
                                                    es someter a la ausencia
                                                    nuestros propios sentidos.)
Esqueletos de flores
Se bañan en la espuma y acaricio
Por ellas
Un bosque solitario.  
                                              En cada cuarto, en cada espejo
                                             localizo la pieza que me falta.
Estás tatuado a mí
Como los árboles
Que ocultan un jardín 
Entre las hojas.
Viaje exquisito
En algún lugar, debajo
De la noche
Bajo el pálpito de ver la misma luna
Alguien se entristece por mí
Sin conocerme.
Ninguna otra señal de lo posible
como si no ser
fuera el reverso de mi sombra.
Es hora
De cerrar ventanas y postigos. El sueño
Es mejor profesor que las estrellas.
Hay que dormir deprisa.
Hay que iniciar el viaje.
Adiós
Extranjero de tierras
Melancólicas. La Aurora
Aproxima su carruaje.
Viejo poema II
Te amo empapada de un efímero
Infinito. Sin medida
De tiempo y aguardando
Los detalles banales
Del adiós.
XX
Cuántas veces esperé una carta
De mí misma
Enviada del futuro para la niña
Olvidada. Con el sol
En los ojos    y una pierna
A cada lado del caballo
Sigo yo
Conmigo en brazos
Crecida para alimentar el recuerdo
De mi propia esperanza.
Regreso de Vorarlberg
Desde esta celda oscura
Que encadena mi cuerpo a un azulejo
Toco un pájaro de vidrio
Que se rompe
Y se vuelve a remendar.
Esperaba ver llegar
Tus dos maletas de cabra
El sobretodo azul un poco triste
Que zurcí el día anterior a tu
Partida
   ¿Ves?
Yo no quería privarte de la nieve
Ni de los labios de Anne que te besaban
En lo peor de mis sueños.
   Ya no importa.
Las agujas
Acarician las diez y no viniste.
Quiero escuchar la llave rodar
Del otro lado. La oscuridad
Prospera y me confunde. Me convierte
En Crimilda              
disfrazada de luto por Sigfrido.
Tengo ganas de escuchar tu voz, de ver
Postales y explorar qué traés
En las valijas.
Pero las horas son pájaros
De vidrio     
Que se rompen
Y se multiplican
Interminablemente.
XXII
Es preciso causar algún desorden
Desinflarse en su atenta
Vigilancia.
No divulgar ni al viento
Aunque él se muera
                       también
De mediodía
Esos remilgos de hacerse
Vulnerable.
Retorno diferente.
Quiero llegar de visita a nuestra casa.
Transitar el camino clausurado de escombros   
Dibujando mi pie en su galería.
Entrar
Por las ventanas
Como cabe un asalto. Ver con ojos
Ajenos
Lo que el viento cifró en el calendario.
Escuchar la agonía de la tarde
Al pintarse de azul
Entre las olas
Siempre dije
Que tu voz era un océano indeciso
Duplicarme en las piedras
De tu cuerpo
 los platos 
 los acrílicos   
 las piedras traídas de los viajes
Mirar de qué manera reinventan su contorno
Nuestros labios gastados
Como si fueran de otros. 
                        
Una poeta, Montevideo de 1914.
Esperaré llegar un mediodía hasta caerme
De un último latido
Anticipado. Con la sangre
Caliente. La definitiva.
Solamente la frente y vertical
Entre la tierra
Y el cielo.
 XXVI
Por las ventanas puedo ver lo que antes no veía
La tierra pintada por abajo
Caída
Las pieles azules y verdes
Que la noche y el campo se dibujan
Las texturas prestadas por el aire
Todas las pieles que las cosas se dejan
Mutuamente mirar de una ventana
Desniveles dispersos
Cabelleras
Una mano que corre una cortina
Un ángulo oblicuo
En un cuadrado.
XXVII
Lo más triste
Lo más contradictorio
No es amarte
Sino reconocernos.
I
Hay amores que duermen en un nido
sin que nadie cobije
los delfines que habitan en el fondo.
Hay amores que viven de la muerte,
que respiran 
y crujen sin reposo.
II
Tengo miedo del río y de las puertas,
son veredas que cruzan a otra parte.
Tengo miedo de partir y no encontrarte,
de volver a sembrar
orillas muertas.
Tengo miedo de la roca silenciosa
que aglomera su núcleo de virutas;
tengo miedo del himno de los perros
contra el cerco violeta de la luna.
¿Para qué? Si ya perdí la cuenta
de las mantas que tejió el olvido
para abrigo de noches inconclusas.
III
Amanece.
El día sube y los minutos caen.
IV
¿Sabrá tu sombra que le beso el alma
esta mañana en que no estás conmigo?
¿Sabrá tu cuerpo que olvidé la calma
arañando un papel como testigo?
V
Hay amores que reanudan el camino
sin que nadie perciba
su retorno;
hay amores que riñen con la brisa
y arlequines que celebran sus despojos.
Las estrellas se agotan de alumbrar a los ciegos.
Las caricias se extinguen con un velo de sal. 
VI
Quiero un río de peces
que flotan en la espuma;
depilar la nostalgia sin piedad
ni rencor;
como el sol a las nubes,
como el muro a la piedra,
sobre todas las cosas: quiero amar sin dolor.
VIII
Somos un vegetal que nace en dos sentidos
atorados de cuajo a la semilla.
Siempre firme,
aferrada al borde inverso
que confina indeleble nuestra forma.
IX
Renuncio a desterrar tus ojos de mis ojos.
Renuncio a declararte el olvido a mi presencia.
Renuncio a demandar mi sitio en tus heridas,
mis cicatrices y heridas al filo
de tus besos.
Renuncio a convertirte en una cifra
prendida a mi amuleto
pues
renunciándote renaces de pronto ante mi vista
como el más extraño amado
y extrañado
en un lapso fugaz como un gobierno.
Renuncio a renunciarte entonces,
y las palabras, que existan.
X
No éramos objetos ni personas.
Expatriados los muebles y los vasos,
los monumentos domésticos,
las almas,
las fracturas filosas
del espacio.
Éramos un ramo de polvo untado a la madera
Un ramillete amorfo de sustancia
asilado en una caja de paredes.
Dos niños jugando a los felices,
clavándonos la espada
                          imposible
del amor.
XI
Quizás comparta el mismo
porvenir de los objetos
designados al vicio de una forma.
A veces sospecho que la luz
hace un enorme esfuerzo,
igual que el sol
colgado de una órbita
en su muda comunión con el absurdo.
XII
Las catedrales de tus párpados se cierran
los altares,
promontorios de velas y floreros esparcidos
la piel      los confesorios
en la iglesia de mi alma el coro está entre llamas
clausurada la iglesia y unos ángeles
prendidos en tu pelo.
XIII
Hoy miré en mi habitación
y vi un desierto:
este domingo es un ojal abierto
que introduce fantasmas en tu ausencia.
XIV
Con traerme un pedazo de tu sombra
eso sirve para hacer la eternidad
al menos
para hacer la música de todos los sonidos
también alcanzaría una palabra tuya
cualquier pronunciación
puede servir
para aplacar esta existencia
y regalar la visión de ese perfume
de cuando algo se nombra para siempre.
XV
Soy la víbora muda que cae en el barranco
escondo el cascabel
mientras plancho tu camisa.
Me siento un pequinés con la correa apretada
¿preparo el desayuno o llegás tarde al trabajo?
Soy una carabela sin puerto
ni bitácora,
un alfiler aturdido en un concierto de agujas
sollozan los jilgueros en su cárcel de alambre
la puerta que se cierra detrás de tu corbata.
Amanece de rojo
el agua canta en la canilla
después la ceremonia de amaestrar las ventanas
¿te acordarás del 11 de diciembre en el año 2015?
La tarde y mis papeles
son dos ojos abiertos
que ladran como perros cuando escuchan la llave
de una cerradura que solo vos conocés. 
XVI
La casa respira por la ventana abierta
mientras compartimos la trinchera
debajo de las sábanas.
En la mitad de mi sueño cae de vos una caricia
imprevista, un billete que rueda 
al fondo de un bolsillo agujereado.
Entonces, tibiamente, por el hueco vacío
de la almohada
como un mendigo piadoso
mi cuerpo se inclina
para atajar tu mano.
XVIII
No traigas a casa tu alegría. No me obligues
a vencer
   antes de tiempo
este combate
contra la melancolía, ni presumas
que me voy a acostar
plácidamente
con la cara servida de la muerta
al otro lado
de la mesa de luz.
XX
Tengo una catedral de lamentos en los labios.
Una continuidad precipitada.
Toda una tierra de distancia entre llanuras
eternas de arterias atornilladas.
XXI
Somos dioses. No somos
dioses.    Somos
lo primero que oculta la mirada: un brillo
volátil que se apaga
y se traduce en una fórmula ajena
a la
palabra o a la flor.
Vacilación
hasta tomar la flor
o la palabra.
XXII
Con la cresta del aura deslizándose
al borde de una pista,
Matthew,
nunca sabrás qué verdaderas son las cosas
que se dicen
sobreviven             incluso
a los momentos.
Mientras duerme a mi lado
Persigo las pisadas de un ángel que se esconde,
relámpago en el aire, visión que no responde,
sacudo los puñales de un amor engañoso
por ver si con la sangre germina un verso hermoso.
(mi musa silenciosa tiene un alma de acero:
Talía me abandona al azar de su tablero)

Poemas de Gabriel Chávez Casazola (Bolivia, 1972)

Koyu Abe siembra una semilla de girasol en los jardines del templo de Genji
Koyu Abe, con rigurosa túnica negra,
alta y rapada la cabeza
llano el ceño
siembra una semilla de girasol en los jardines del templo de Genji.
Con parsimonia deposita la pequeña cáscara repleta
de luz en potencia
de futuros asombros
en un cuenco cavado entre la tierra.
La cubre con una pequeña pala
la riega con una regadera anaranjada.
Pasa la brisa sobre los jardines del templo de Genji
la siente Koyu Abe en sus manos salpicadas por el agua.
En una bolsa de tela colgada en el regazo lleva
unas decenas o cientos de semillas.
Es aún muy de mañana y sembrar cada una es su tarea
y cubrirla
y regarla con su regadera anaranjada.
Un millón de girasoles habrán de alfombrar pronto los jardines de Genji y los huertos aledaños.
Monjes, campesinas,
todos habrán de tener manos humedecidas por el agua que riega los futuros
asombros amarillos de los niños,
las que serán luces piadosas para ojos extenuados.
Koyu Abe no conoce a Van Gogh, mas pinta girasoles con su pala.
Koyu Abe, cuya mirada divisa, en lontananza, los perfiles grisáceos de los silos nucleares.
A la vera de Fukushima se levantan los jardines del templo de Genji
y es preciso purificar el cielo, purificar las aguas, purificar el suelo, purificar los soles sembrando girasoles.
No es un efecto estético, me dice Koyu Abe, en el silencio de la imagen:
las raíces absorben los metales pesados
y del veneno nace, como si tal, la flor.
Mas es verdad que también la belleza purifica
por sí misma,
acota el holandés, saliendo del silencio de la tela,
yKoyu Abe me extiende una bolsa de semillas
de cáscaras repletasde diminuta luz.
La enorme regadera anaranjada
me la alcanza Van Gogh.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
Alivios
Aliviaba cierto dolor de la infancia atesorando
piedras de cuarzo
recogidas en las calles de tierra
piedras
comunes pero tocadas por alguna veta mágica
que las había transfigurado
transmutado
guijarros ocres elevados hacia el mármol.
Las reunía en el patio trasero de la infancia
y se las enseñaba a algún vecino pobre alguna tarde pobre
a otro niño cualquiera como él que
sorprendido
las pesaba y admiraba entre sus manos
maravillado
por la existencia de una belleza que no había entrevisto antes
guijarro ocre también él
y desde entonces surcado por una contemplación secreta
por una veta
que elevaba sus ojos al destello del mármol.
¿Qué habrá sido, me pregunto en esta tarde pobre de febrero,
de ese vecino y aquel patio trasero y la colección de cuarzos?
¿Y qué habrá sido del coleccionista?
En cuanto a él,
abrigo algunas sospechas sobre su paradero.
De hecho
yo mismo alivio ciertos dolores de la madurez recorriendo
las calles de tierra o de cemento de la tierra
buscando piedras
comunes
-palabras-
surcadas por alguna veta mágica
secreta
que permita transmutarlas hacia el mármol
con solo saber escuchar
-caracolas calladas-
lo que podrían decir
reunidas
en un patio trasero.
Las recojo, las reúno, las atesoro,
me maravillo
de su belleza oculta
guijarro ocre
las transcribo
y se las muestro alguna tarde a algún vecino.
A veces pienso que no sirven de nada
y una voz en el sueño me dice que no alcanzan,
que no alcanzan.
Es verdad que la colección de cuarzos no logró borrar el dolor que desfiguraba la
infancia
del coleccionista,
sacar de la pobreza a su vecino ni mejorar la calle o el traspatio
mas su solo estar ahí bastaba
para aliviar el mundo,
para transfigurarlo
para poner en los ojos un destello
y así elevar la piedra y aproximar el mármol
haciendo al mundo ligeramente más bello
y acaso
también
menos
cruel.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
No
No en el precioso y preciso jaspeado carmesí en el corazón de esta flor
blanca como un cáliz de nieve,
no en sus pétalos albos y pequeños, no en las
líneas carmesíes diminutas como trazos de sangre de un gorrión
malherido de amor sobre esa nieve;
no.
La belleza está en los ojos del que mira,
en el preciso y precioso jaspeado del iris de sus ojos,
en el corazón de su pupila,
en las líneas nerviosas diminutas que conectan el ojo
con la mente.
La belleza no está en el mundo por sí misma y para sí.
La belleza del mundo está en los ojos de los habitantes del mundo,
en la mente de los habitantes del mundo, en todos los sentidos de los habitantes del mundo
pues no hay olor sabor textura ni trinos de gorrión ni cálices de nieve
sino aquél que puede maravillarse en ellos.
La belleza está en tus ojos en tu lengua en tu pezón
en el funcionamiento maravillosamente armónico del martillo y el yunque y el tímpano de tu oído interno
en las células olfativas que trémulas se extienden debajo de tu rostro.
Contra la muerte y el dolor y el mal,
a pesar de la extensión de su reinado en ti y en mi,
la belleza está en ti y en mi, no en esta flor
que temblorosa sostiene
su blancura
y sus irisaciones carmesíes
en una palma cuyo pulso un día dejará de latir
y será trazo de sangre en el corazón de un gorrión niño
y cáliz de tierra y humus para las nuevas flores
como esta
que temblorosa sostiene
su blancura
para aquellos que podemos percibir la suma
de todos los colores.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
De la velocidad de los fantasmas
En un prólogo leo que un poeta fue prematuramente muerto.
Pero, ¿acaso hay alguien que muere antes de tiempo?
Todos morimos en el momento exacto.
Lo que ocurre es que los muertos jóvenes dejan más cosas pendientes
y tardan mucho en desplazarse
distraídos y perplejos– para cerrar sus círculos.
Sí, los muertos jóvenes viajan muy lentamente
para poder ajustar cuentas:
sé de una muchacha cuyo fantasma demoró largos veinte años
en recorrer a pie la ruta desde Buenos Aires hasta San Lorenzo,
en el norte,
atravesando pampas y cañaverales,
para poder decir adiós
con una vaharada de perfume a un hombre que fue suyo,
y sé también de un piloto, muerto en cierto accidente,
que demoró diez años en llegar a los sueños de su madre
para revelarle en cuál pico de los molestos Andes
se encontraba, congelado y envejecido,
cual la heroína de Horizontes Perdidos en el Tibet,
su exquisito cadáver treintañero.
Los muertos viejos no.
Los fantasmas de los que han muerto viejos llevan los pies livianos
ya casi alígeros de tan inmateriales
(recuerdaA Christmas Carol)
y pueden cerrar cuentas –si aún las tienen– en una misma noche,
en esa misma noche en que los velan.
Los muertos niños
los muertos niños no se van del todo
se quedan atrapados e indefensos entre sus juguetes
sin percatarse de que han muerto,
de que algo ha cambiado radicalmente entre ellos y nosotros.
Por eso, cuando de noche en tu departamento se encienda algún juguete sin motivo
aparente o si, como en cierto palacete de San Isidro en Lima,
un niño se le aparece a una invitada
de voz bella, con toda naturalidad,
jugando tras del escritorio,
es que allí algún pequeño no ha cerrado su círculo
entre sí mismo y la dura razón de la existencia.
Los muertos no nacidos fluyen siempre en el torrente de la sangre de sus madres.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
1972
Fue el año en que Nixon visitó la China
que Marco Antonio Campos refutó a Neruda
Las páginas no sirven. La poesía no cambia
sino la forma de una página
que estrenaron Solaris (lo dije en otro poema) pero también Aguirre Cabaret Garganta profunda El hombre de La Mancha Gritos y susurros El útimo tango –ah María Schneider en la tina y Brando ubicuo, bilocal, al mismo tiempo en el ático parisino y en Villa Corleone, otro y el mismo– mientras Zefirelli hacía volar a Chiara y Francesco en una nube de flores, Snoopy se iba de casa junto a Woodstock y Chaplin volvía a Hollywood (ya Osvaldo Soriano lo contó en una novela suya).
Murieron Chevalier, Alejandra y Kawabata, el primero bailando los otros dos
al filo del espejo
y se despidió de este mundo una princesa
Carolina Matilde de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, bautizada como Princesa Viktoria-Irene Adelheid Auguste Alberta FeodoraKaroline Mathilde de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg
de la que solo queda el nombre en Wikipedia.
También dijo arrivederci el profeta de la usura, que solía contemplarse en los ríos
en noches de plenilunio y enderezar aun las torres con sus cantos.
Una estela explosiva dejó el cohete fallido que propulsaba a la sonda Cosmos hacia Venus
y otra Harry S. Truman, con su cortejo de átomos y carne chamuscada.
Bobby Fischer, el díscolo, el irreductible, venció a Boris Spassky
llevándose el título a casa junto a unas cervezas,
en tanto el odio ensangrentaba los juegos olímpicos de Munich el penal de Trelew
un domingo en Irlanda del Norte el campus de la universidad de El Salvador
en cuanto un terremoto destruía Managua y en Roma
un tal LaszloToth atacaba la Pietà de Miguel Ángel con un martillo,
gritando que él era Jesucristo.
Era 1972 y en un país perdido entre montañas,
en una clínica metodista, por puro azar,
nacía yo, que debí haber nacido en otra ciudad y otro hospital;
y poco antes o después nacían otros niños y niñas con los ojos también maravillados,
de este y del otro lado del Ecuador, dedicados ahora, como yo, a este inútil,
maravillosamente inútil oficio de escritura.
Sí, de seguro fueron los efectos del cohete de la Cosmos
el poderoso cóctel de todas esas películas
algo de los últimos alientos de Pound y la Pizarnik,
y sobre todo la estela del poema de Marco Antonio Campos:
Las páginas no sirven. / La poesía no cambia / sino la forma de una página, la emoción, / una meditación ya tan gastada. / Pero, en concreto, señores, nada cambia./ La poesía no hace nada. / Y yo escribo estas páginas sabiéndolo.
Eppur si muove, cuarenta años después
ya solo quedan en pie los poemas de Alejandra, los cantos de Ezra, algo de las novelas de
Kawabata, mucho de los versos de Neruda y casi todas esas cintas
indescriptibles
mientras el resto: Nixon Mao Neftalí Reyes Tarkovski Klaus Kinski Bob Fosse la deliciosa Linda Lovelace el insoportable Ingmar Bergman la más deliciosa María Schneider el más insoportable Marlon Brando el ya no se diga Charles Chaplin Osvaldo el Negro Soriano Charles M. Shulz Maurice ChevalierCarolina Matilde de Schleswig- Holstein-Sonderburg-Glücksburg el propio Ezra el programa espacial soviético la URSS Truman Bobby Fischer y todos sus rivales las víctimas y los asesinos el loco del martillo
son ya carne de gusanos y de la desmemoria
como lo seremos los poetas del 72 y Zefirelli y Marco Antonio Campos algún día
pero no su refutación a Neruda que se refuta a sí misma
perdurando
inútil y maravillosa
como la poesía,
como la Loren
como La Pietá
 triste, solitaria
y final.
 [De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
La canción de la sopa
En tiempos de mi abuelo las familias eran grandes
vivían en grandes casas —grandes o chicas, pero grandes,
inclusive diminutas, pero grandes.
Comían alrededor de grandes mesas
mesas fuertes, cubiertas o no de mantel largo
pero bien establecidas en el piso.
Con cucharas enormes comían la sopa
en los grandes mediodías. La sopa extraída con grandes cucharones
de unas enormes soperas.
Se reunían juntos después a oír la radio, a tomar café,
a fumarse un cigarrillo
sin grandes (ni pequeños) cargos de salud o de conciencia.
Mamá, bordando a veces y a veces tejiendo,
veía sucederse a los hijos y a los nietos
en un ininterrumpido y gran bordado.
Papá, la autoridad papá, llegaba todas las tardes a las 6
montado en un gran auto americano o en un gran caballo
o con un gran estilo
de caminar
para pasar la noche junto con los hijos y los nietos que el
tiempo no había interrumpido,
salvo aquél que enfermó, aquél que se fue
dejando un enigma y una sensación de vacío
una enorme sensación de vacío—
flotando, con el humo de los cigarrillos,
sobre la sobremesa de la cena.
A veces, en esos momentos, papá, la autoridad papá,
dejaba de escuchar los sonidos de la radio y quería estar
solo consigo mismo, simplemente
no estar ahí, tal vez estar corriendo por alguna lejana
carretera con una rubia parecida a mamá cuando no era
mamá, montado en un gran auto americano o en un gran caballo o
con un gran estilo de caminar aún no vejado por el tiempo.
Mamá a su vez algunas sobremesas sentía un nudo
en la garganta, un nudo que después salía flotando de su
boca montado en un gran suspiro,
un enorme nudo que se enredaba en el vapor
de su taza de café, con unas
volutas que le robaban la mirada y la hacían desear
estar sola,
simplemente no estar ahí, escuchando los llantos
de las últimas hijas y los primeros nietos.
Así fueron los años, vinieron los cafés y los cigarrillos
y un día la gran casa se fue quedando sola, las enormes
soperas vacías, las cucharas mudas
de una enorme mudez que a hijas y nietos nos persiguió
a lo largo de miles de kilómetros de carretera, de cable de
teléfono, de grandes ondas que ya no se miden en kilómetros.
Incluso aquél que enfermó, el primero en partir
como cada quien que bebió de esa sopa fue alcanzado por la mudez,
que se metió en su pecho por la gran boca abierta
de un enorme bostezo.
Entonces
compró una breve sopa instantánea
y entre sus mínimas volutas
se permitió un pequeño llanto.
No podía tomar la sopa.
en su diminuto departamento no había una sola cuchara,
una sola mesa bien fundada, algo
que vagamente pudiera parecerse a la felicidad
y sus rutinas.
Entonces pensó en los tiempos de su abuelo o del mío
o del tuyo, cuando las familias eran grandes
vivían en grandes casas —grandes o chicas, pero grandes,
inclusive diminutas, pero grandes—
y veían sucederse a los hijos y a los nietos
en un ininterrumpido y gran bordado
con enormes hilos invisibles abrazándolos a todos en el aire.
[De El agua iluminada, 2010]
Los patios son para la lluvia
cuando ella cae despiertan sus baldosas,
abren los ojos del tiempo sus aljibes.
Y entonces los patios cantan.
Un canto hondo,
en un idioma arcano
que hemos olvidado pero que comprendemos
cuando cae la lluvia sobre los patios
y volvemos a ser niños que oyen llover.
Bajo la lluvia todas las cosas son renovadas en los patios
y cuando escampa el mundo huele a recién hecho, a sábado de Dios, a primavera.
El canto de los patios en la lluvia borra el dolor del universo y susurra el dolor del
universo
por las lluvias perdidas, por los patios perdidos, por los cantos perdidos,
por ti y por mi que bailamos
bajo la lluvia de Bizancio
arcanas danzas
con movimientos hondos e indescifrables
en los patios de la memoria.
Por ti y por mi que bailamos
que llovemos
que despertamos las estaciones mientras el patio canta
porque la lluvia es para los patios,
esos indescifrables.
[De El pie de Eurìdice, 2014]
Memento mori
Ni el arco que contempló las pomposas victorias de César Marco Aurelio Antonino Augusto
ni aquél que casi fue rozado por la tiara del Papa Rey erguido en una cabalgadura
preciosamente enjaezada
ni ese otro que vio al Gran Corso desfilar con sus tropas en el cénit
de su tardío imperio decimonónico
y ni siquiera el pequeño seto de pino bajo el cual paseaba el Libertador,
hombre más bien menudo,
en la quinta de San Pedro Alejandrino,
cobijaron el mismo poder
que el arco que forma tu cintura
ni celebraron mejor
la frágil duración
de los reinos y el reino de este mundo
que la curvatura de tu espalda
cuando mi mano, en el alba, la atraviesa.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
Elemental
Si yo fuera panteísta —me decías—
escogería venerar a los dioses domésticos,
los dioses del hogar, pequeños y sencillos,
que se esconden tras una planta del jardín,
en la corteza de un mueble de madera
o dentro de un jarrón de cerámica
que alguna vez una muchacha aborigen portó sobre su cabeza
-cómo ondeaba su cintura en equilibrio, su cabello negrísimo.
Los dioses diminutos y traviesos
de la lluvia en verano o del agua cayendo desde la regadera,
la diosa de la acequia en una vieja huerta
que aún frecuenta mi infancia,
las diosas del estanque o de la alberca
siempre hay algo divino entre las aguas—,
el dios de la puerta, el dios de las almohadas, el dios de los jabones,
el dios de las ventanas,
la turbulenta deidad de la caldera que hierve,
el dios mayor del hogar, escondido (y revelado) en el fuego.
Si yo fuera panteísta, me decías, creería en todos esos dioses.
O en la porción secreta de Dios que hay en todos los elementos
repuse.
Y mientras conversábamos, al caer de la tarde,
miraba yo con recelo y ternura, al mismo tiempo,
ensombrecidas pero aureoladas de luz nueva,
todas las cosas de la casa.
[De El pie de Eurídice, 2014]
De su estancia
De su estancia en vaya a saberse cuáles ciudades de la confusión
conservaba,
apenas a salvo de la humedad y el calor propio a esa hacienda
estacada en el centro del verano,
unas cuantas revistas que en el cuarto de baño daban cuenta
de un pasado mejor, de unos años
de bullente actividad intelectual,
de grupos activistas, de talleres de cuento, de seminarios
lacanianos,
de círculos de discusión de la Escuela de Frankfurt
y otros misterios reservados para los iniciados en
el buen sexo y los porros de aquella época y de aquellas ciudades de la
confusión
en las que esa mujer altiva y lúcida aprendió a preparar un par
de buenos platos
por ejemplo, pollo al mole—
que hoy junto a las revistas son todo el patrimonio que perdura
de aquellos años dorados, esplendentes,
en que todos querían cambiar el mundo a fuerza
de bullente actividad intelectual y porros y Gramsci y hasta de Louis Althusser,
hasta que Louis Althusser estranguló a su mujer e ingresó al manicomio
y murió babeando su impotencia y su ira en un camino
lodoso, del color del mole del pollo al mole,
botando sangre como rojos un cuadro de Frida Kahlo,
ese lugar común ahora, por entonces aún un descubrimiento
en una de las tapas de aquellas revistas estacadas
en medio del baño de aquella hacienda,
estacada a su vez
en el centro de esa mujer altiva y lúcida, tan digna
en su derrota
como la golondrina de Wilde cuando decía
despreciar el verano.
[De El agua iluminada, 2010]
Albricias
A Lucía
Como un don o como la retribución de un don
cual una fruta presentada en un ritual simplísimo
la niña ha entrado en la casa, lo ha
visto todo con su escuchar,
todo lo ha oído con su ver y así
tan atenta al universo
que acababa de crear
el primer día
(en el principio era la tiniebla y el espíritu de Dios flotaba
dulcemente, en posición fetal, bajo la faz de las aguas)
hágase la luz
ha dicho
sin apelación a ningún significante
y nos hemos comenzado otra vez a existir
briznas de su costilla,
depuesta la flamígera,
la desnudez desnuda,
su greda fresca, el jardín
recién regado.
[De El agua iluminada, 2010]
De senectute
Y así, de un modo insensible, imperceptible, va uno envejeciendo,
no hay brusca ruptura de la vida, váse extinguiendo
con esa diuturnidad, ese quehacer cotidiano
Marco Tulio Cicerón, “De la vejez”
Como un coral joven, como
una dendrita que extendiera su primer
filo al mundo para asir el tejido,
como un güembé cuando se prende al árbol con uñas breves y raíces
todavía tiernas,
así en algún momento allanó este dolor
la casa del verano
y fue poco a poco instalándose en ella,
construyendo su sillón de hierro sobre el piso del living,
entornillando su plato de aluminio vacío
en la mesa en la que repicaban las cucharas,
hincando un tenedor de ponzoña en los guisos que aromaban la cocina,
acostando su cuerpo de calamar viscoso en nuestra cama,
haciendo un agujero en alguna
tubería del baño
gota sobre gota que marcaba
las lentas e intermitentes fugas de la dicha.
Como un arrecife de coral, como un manglar de dendritas
las uñas y raíces de este dolor hicieron suya la casa del verano.
Ahora este silencio presagioso que inquieta la biblioteca
y recorre los estantes y la mesa de noche
acaso anuncia que el invasor muy pronto enmohecerá los libros
o desvanecerá sus letras,
entrepalabrándolas
con panfletos y facturas vencidas.
De ahí que sea una urgencia llenar páginas de signos
que más aprisa que la carcoma
que más aprisa que el tumor puedan acusar
recibo
de que existió el verano y existieron las cucharas y los guisos
y la cama de lino feliz y el agua en la regadera
y los libros en la mesa de noche
y este que escribe
y este que escribe.
[De El agua iluminada, 2010]
Para desconcertar
(benedettiana)
Tu corazón está lleno de sorpresas
es como una feria para niños
y como un cementerio.
Tu corazón tiene bosques con árboles prohibidos en su centro
mares de playas solitarias y volcanes dormidos
tiene murallas chinas monumentos favelas
sus catedrales góticas y pequeñas ermitas.
Tu corazón está lleno de vacíos, preguntas,
de miradas de noche a los cielos ajenos.
Tu corazón está lleno de rutinas
es como un taller mecánico
o como una cita a ciegas.
Tu corazón tiene zonas baldías y habitaciones clausuradas
avenidas con anuncios fluorescentes y ruletas
barrios peligrosos donde no es posible aventurarse sin coraza
glorietas floridas como en domingo de ciudad pequeña.
Tu corazón está lleno de certezas, de credos,
mediodías alegres con los pies en la tierra.
Tu corazón es un aeropuerto
una nota a pie de página
una estación de paso
la casa donde vivo.
Solo tu corazón entiende a tu corazón,
solo tu corazón se desentiende.
[De El agua iluminada, 2010]
El agua iluminada
Y de pronto hay días que, en efecto, la luz es como el agua, el aire es
como el agua, la noche es como el agua, la piel es como el agua
primera
donde
fuimos felices
y sin saberlo nos regocijábamos por ello
y por todas las cosas
nuevas
bajo el sol
sentados meciéndonos
con los pies colgando alegremente
sobre el techo.
[De El agua iluminada, 2010]
Oliver Twist
Nació, como muchos hijos de la calle,
y su primera (o tal vez única) tibieza
fue el rescoldo del motor de un automóvil,
allí mismo donde fue parido y abandonado.
Lo adoptamos la mañana siguiente.
Lo bañamos, lo alimentamos, le dimos nombre.
En rigor de verdad, con el paso de los meses le dimos muchos nombres
como todos deberíamos tenerlos, de acuerdo a
nuestros cambios y los cambios de las circunstancias.
¿Recuerdan la confederación de las almas
de la que habló Tabucchi?
Ni siquiera llegó a conocer el amor ni a multiplicarse.
No tuvo demasiadas alegrías, salvo las rutinarias
compartir algunos ratos con otros seres,
dejarse acariciar la cabeza cada tanto—
ni demasiados pesares,
salvo una muerte horrible.
Lo encontramos una noche desangrándose por la boca,
con su interior destrozado.
Cuentan ¿será posible? que tiempo antes
de acabar con los judíos, en algún lugar les quitaron
sus perros y sus gatos y sus canarios, y por crueldad o
diversión los asesinaron de una forma espantosa.
Dije que lo encontramos pero en rigor de verdad
lo escuchamos.
Daba alaridos bajo el auto
en el mismo lugar en el que fue parido
y que eligió para morir,
quién sabe buscando aquel rescoldo
esa primera (o tal vez única) tibieza
del motor recién apagado, que le dio la ilusión
de haber sido bienvenido en este mundo
y de que alguien o algo le decía adiós
cuando salía de él del mismo modo en que había entrado:
envuelto en sangre y solo,
exactamente de la manera en que suelen hacerlo
los muchos hijos de la calle.
[De El agua iluminada, 2010]
Lucas 13, 4
¿Quiénes eran aquellos dieciocho hombres
acaso mujeres, acaso también niños, aquí el genérico es equívoco—
sobre cuyas cabezas vieron desmoronarse
la Torre de Siloé, de la que nada sabemos
salvo lo que sigue refiriéndonos en su Evangelio
el médico y cronista hebreo Lucas?
¿Eran tal vez constructores
que levantaban la estructura de la Torre
o que la apuntalaron, fallando en el intento?
¿Eran transeúntes, que pasaban cobijándose a su sombra
del fuego cenital, del brillo inclemente del sol en las arenas?
Nada sabemos de ellos tampoco, salvo lo que el Elegido dijo
reverberación, eco límpido a través de los siglos—
por la mano de Lucas:
Que los muertos de Siloé
(y pudo haber dicho de Port au Prince o del Maule)
no eran más ni menos culpables
que los demás hombres y mujeres de la tierra.
Que el misterio de la tragedia —o mejor: del accidente—
es algo que escapa a nuestras mentes breves
y secretamente forma parte del anverso de la trama
del Gran Tejido, del cual vemos solamente
per speculum in aenigmate—
sureverso,
lleno de torpes nudos, de cabos sueltos,
de absurdas muertes como las de
aquellos dieciocho hombres
o mujeres, o niños— de Siloé
o los miles de Kerman, de Shan Si y de otras provincias
de los reinos que hemos fatigosamente construido
y que un día pueden desmoronarse
como la torre de Jerusalén, partirse en dos o en tres
cual las calles de San Francisco o de Lisboa.
Y sin embargo,
los arqueólogos afirman que la torre derruida
pertenecía a las murallas de la ciudad y se erguía junto a una fuente
de la que además tomaba el nombre, en el valle de Tyropean.
Hablo de la afamada fuente de Siloé, de la que hablaron ya los profetas
Nehemías e Isaías,
a cuyo estanque acaso habían ido a calmar su sed
aquellos dieciocho hombres;
a cuyas aguas siguieron yendo a calmar su sed los hombres y las mujeres y
los niños
por mucho tiempo después de la tragedia;
ya que el accidente, el dolor, la muerte, el sinsentido,
la catástrofe,
por más que nos aplasten
o aplasten a quienes más cerca se encuentren de nosotros
no pueden apagar la sed de infinito
que nos aqueja desde el principio,
la sed de luz
que saciamos en los abrevaderos de la dicha,
aun cuando se encuentren situados
en los estanques mismos donde nos desmoronó el sufrimiento.
Allí mismo, en el valle de Tyropean.
[De El agua iluminada, 2010]
Vuelo nocturno / Arte poética 1
Esa luz que se apaga
no es un imperio
ni una luciérnaga.
Antoine lo sabía, lo supo volando sobre la Patagonia.
Esa luz que se apaga es una casa que cesa de hacer su ademán
al resto del mundo,
una mansión
una humilde mansión si cosa cabe: todas las casas del hombre
son una mansión, todas las mansiones del hombre una cabaña—
una mansión, decía Antoine, que se cierra sobre su amor. O sobre su tedio.
Una luz vacilante a la que
frío al calor—
unos labriegos reunidos
se aferran
náufragos que balancean un fósforo
ante la inmensidad
desde una isla desierta.
[De El agua iluminada, 2010]
Vuelo nocturno / Arte poética 2
El eje del mundo se ha movido hoy diez centímetros
a la izquierda o a la derecha quién lo sabe
pero los poetas esta noche andan revueltos
y se descalzan
y entran al río
y se ponen
a atrapar
el resplandor
de las estrellas
a atraparlas
con las manos
en el agua.
[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]
Una rendija
Y tomando barro de la acequia
el niño formó cinco pajarillos cuando nadie lo veía.
Se alisó entonces el cabello que le cubría la frente
tomó aire
sopló suavemente sobre ellos
y echaron a volar.

[De El agua iluminada, 2010]
Donde el poeta, investido como un personaje de Kozinski, conversa con su hija
Para Clara
Y si de pronto un rayo o un camión se abaten
sobre la palma erguida,
sobre su razón llena de pájaros
y mediodías
si la malaventura hiere su frente de luz
y la desguaza
y convierte en escombros su razón
y su alegría
que era también la nuestra
no te dejes llevar por la tristeza,
hija,
recuerda que detrás de los escombros
siempre quedan semillas
y que algún día,
pronto,
después del rayo y la malaventura
se abrirá la luz
cantarán los pájaros
y nuestra calle y todas las calles del mundo
donde alguna vez hubo palmeras abatidas
se llenarán de felices jardineros
que peinarán
los nuevos brotes
y regarán los mediodías.
Te lo prometo, hija:
la mañana se llenará de jardineros.

[De La mañana se llenará de jardineros, 2013]